La IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), que tendrá lugar en Quito, Ecuador, el 27 de este mes, debe buscar la consolidación de la unidad en la diversidad, en medio de una situación muy compleja para el continente.
Miguel Díaz-Canel Bermúdez, vicepresidente primero, será el jefe de la delegación cubana, que debe actuar —y no por primera vez—, como pivote de la unidad y la concertación, sobre la base del prestigio acumulado por la nación antillana.
Abelardo Moreno, viceministro de Relaciones Exteriores, quien formará parte de la delegación, informa que Cuba trabajará por la consolidación de los logros de la Celac, tales como el papel de este mecanismo como interlocutor fundamental de esta región en los foros internacionales y la voluntad expresada en la Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
Este importantísimo documento, adoptado en la II Cumbre de la Celac, en La Habana, el 29 de enero del 2014, recogió el compromiso de los 33 Estados miembros de resolver sus diferencias a través del diálogo y la negociación u otras formas de solución pacífica, establecidas en el Derecho Internacional, precepto que adquiere la mayor importancia en el momento actual, cuando han surgido diferendos entre algunos países del continente sobre diversos temas.
Cuba ratifica la voluntad irrevocable de fortalecer la Celac como espacio de diálogo político efectivo, en una región que es y será diversa, pero cuyos países afrontan los mismos desafíos, tienen propósitos comunes y, por tanto, deben identificar los elementos de convergencia que permitirán avanzar en el proceso de integración del área.
En tal sentido, brinda todo el apoyo a la presidencia temporal que asumirá la República Dominicana, a partir de esta reunión.
Las autoridades de ese país han mostrado interés en que su mandato contribuya a fortalecer a la Celac y han estado coordinando con los demás miembros para recoger experiencias y recabar respaldo en ese propósito.
La reunión de Quito deberá aprobar, como de costumbre, una declaración política que reafirme los principios y objetivos del bloque; un plan de acción para 2016, y 24 o más declaraciones especiales, sobre otros tantos temas de interés particular de los estados promotores y de toda la región.
Cuba considera importantes todos esos documentos y defenderá, en particular, tres que le competen directamente.
Estos son: en primer lugar, el que rechaza, una vez más, el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba.
En todas las cumbres anteriores, han sido adoptadas manifestaciones expresas de los países del área en contra de esa política genocida y esta vez no debe limitarse a refirmar ese rechazo, sino ir más allá, solicitando al Congreso de los Estados Unidos que levante el bloqueo y reclame al presidente norteamericano, Barack Obama, que utilice sus amplias prerrogativas ejecutivas para modificar la forma en que se aplica esa política.
Otro proyecto de declaración pide la devolución a Cuba del territorio que ocupa, ilegalmente, la base naval de los Estados Unidos en la provincia suroriental de Guantánamo, asunto que ha estado presente en la Celac durante el pasado año, pero el interés cubano radica en que se consolide ese tema, muy importante en el proceso de conversaciones en curso con su vecino del norte, y que debe constituir parte inseparable de dicho proceso.
La tercera proposición cubana se refiere al tema migratorio y plantea la necesidad de que las migraciones, dentro y desde la región, sean regulares, ordenadas y seguras; que la Celac, en su conjunto, luche contra las redes de tráfico de personas y rechace las políticas de fuera de la región que privilegian a un tipo de emigrantes, incluso, por su procedencia nacional.
Todo ello, dicho con un lenguaje diplomático que facilite el consenso, se traduce con claridad en una condena a la Ley de Ajuste Cubano, que privilegia, muy excepcionalmente, a los migrantes originarios de Cuba, y reprobación a la política de “pies secos-pies mojados”, que condiciona esos beneficios y obliga a los interesados a jugarse la vida o cometer graves delitos para obtenerlos, al tiempo que favorece un mercado para los traficantes de seres humanos.
La Celac se ha convertido, en muy corto tiempo, en el interlocutor por excelencia de la región con otros países y organismos internacionales, acerca de lo cual hay muchas pruebas, pero es necesario cuidar esa condición y proyectarla hacia otros escenarios.
En ese contexto, la cumbre revisará el Foro Celac-China, mecanismo creado en la reunión de La Habana, pero que comenzó a funcionar, en enero de 2015 en Beijing, mediante el cual la República Popular China ha ofrecido considerables fondos y recursos para la cooperación con América Latina y el Caribe, de los cuales, incluso, ya se están beneficiando algunos países latinoamericanos y caribeños.
Se trata de créditos para infraestructura, para el desarrollo de la agricultura; mecanismos para el incremento del comercio y la inversión, y la cumbre evaluará cómo está funcionando ese foro para tratar de aprovechar al máximo sus potencialidades.
También serán analizadas las vías para que comiencen a funcionar los mecanismos de cooperación multifacética de la Celac con la Federación de Rusia y con La India, destinados a incrementar el diálogo político entre dichos actores y fomentar sectores de cooperación que, posiblemente, no sean tan amplios en la primera etapa, pero también son importantes para los países de esta región.
De modo que la IV Cumbre de la Celac no será un escenario sencillo, pero sí un terreno donde laborar fuertemente, y depende de la voluntad de todos que revista el éxito tan necesario para esta región.

