
A Ileana Ros-Lehtinen no le importan las víctimas de la emigración ilegal. Diseño: Gilberto González García
La representante republicana por La Florida, Ileana Ros-Lehtinen, acaba de “descubrir” que “algunos” emigrantes “abusan” de la Ley de Ajuste Cubano, un engendro legislativo destinado a promover la emigración ilegal desde Cuba hacia los Estados Unidos.
Analicemos las razones de esa repentina “revelación” de Ileana, quien ha hecho carrera política sobre el pedestal de una furibunda retórica anticubana, y siempre había defendido esa normativa, la cual establece un privilegio exclusivo para los cubanos que llegan a los EE.UU., sin importar los medios ni los delitos cometidos para lograrlo, ni los peligros que corran en el intento.
La mencionada ley, en vigor desde noviembre de 1966, dispone que prácticamente todo ciudadano cubano o natural de Cuba que entre a los EE.UU., después del primero de enero de 1959, sea admitido en la categoría parolee (bajo palabra), e inmediatamente obtenga el permiso de trabajo y otros beneficios estatales, hasta que pueda recibir su residencia permanente, al año y un día de su llegada, casi siempre tan solo con solicitarla.
Este tratamiento tan exclusivo tiene el propósito de estimular la emigración ilegal de los cubanos, con fines propagandísticos, presentándolos como refugiados que huyen de Cuba, supuestamente perseguidos por razones políticas.
Pero lo cierto es que la emigración cubana, desde hace muchos años, es por motivos económicos y los que “huyen” de Cuba, regresan de visita tan pronto pueden reunir el dinero del pasaje, para disfrutar aquí de unas tranquilas vacaciones, junto con familiares y amigos.
Esto lo sabe muy bien Ileana, desde siempre; como también conoce y promueve las campañas de estímulo a la comisión de graves delitos, incluso el asesinato, en los intentos de emigrar ilegalmente a los EE.UU.; y sabe que su gobierno no toma medidas realmente efectivas para eliminar el tráfico de personas.
¿Por qué, precisamente ahora, se manifiesta dispuesta a respaldar una modificación de dicha ley?
Aquí debo aclarar que estoy en contra de la Ley de Ajuste Cubano y de la política de “pies secos, pies mojados”, la cual permite permanecer en territorio norteamericano a cualquier cubano que logre pisar suelo firme de ese país, como si se tratara de un premio al “deporte” de cruzar el peligroso estrecho de La Florida, a bordo de cualquier cosa que más o menos flote.
Ambas deberían ser eliminadas de inmediato, sin previo aviso. No obstante, sembrar inquietud acerca de una hipotética modificación restrictiva, más en este momento, es otra pérfida maniobra de esta señora.
Es obvio que, a partir del comienzo del proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales, a los cubanos interesados en emigrar hacia los EE.UU. les preocupe que el gobierno de ese país decida eliminar la exclusividad que establece esa ley y los obligue a pasar por las duras pruebas a las cuales están sometidos los inmigrantes del resto del mundo.
Esa preocupación se traduce en un apresuramiento, que impulsa a muchos a tratar de emigrar lo antes posible, a como de lugar, y crea un estímulo adicional a la ilegalidad.
El gobierno norteamericano ha reiterado que no va a derogar la Ley de Ajuste Cubano, ni dejar de aplicar la política de “pies secos, pies mojados” y lo hace, precisamente, porque teme al incremento descontrolado de la emigración ilegal de cubanos; quiere mantenerla en cifras que le sirvan para su propaganda, pero que no excedan su capacidad de asimilación.
Pero Ileana no escatima esfuerzos por sabotear cualquier acercamiento entre los dos países.
Por eso, ahora “se da por enterada”, a través de una investigación del diario Sun Sentinel, de que “algunos exiliados” visitan tranquilamente a Cuba, y anuncia que promoverá modificaciones sustanciales a la Ley de Ajuste Cubano.
Para no deteriorar su imagen de furibunda enemiga del orden institucional cubano, Ros-Lehtinen aclara que no está a favor de derogar la ley, pero considera que quienes abusen de ella “no deben tener ese privilegio”.
Luego va más allá, y deja caer que Carlos Curbelo, un legislador republicano por Florida, ya estaría trabajando en un proyecto para reformar la ley.
Así, Ileana trata de atemorizar a los potenciales emigrantes y crear un grave incidente que impida o entorpezca cualquier avance hacia el entendimiento entre Cuba y los EE.UU.
Si decenas de personas mueren en el mar por esta causa, a ella no le importa: son “daños colaterales” y quizás hasta encuentre algún niño huérfano que secuestrar, como hizo antes, con Elián González.
