¿Integración de Cuba a España?

El invento pretende desconocer siglos de lucha de los cubanos por alcanzar y mantener plena independencia, soberanía y autodeterminación, primero, contra el dominio colonial de la propia España y, luego, frente a las pretensiones anexionistas y neocolonialistas de los Estados Unidos de América. (Imagen: Gilberto González)

El invento pretende desconocer siglos de lucha de los cubanos por alcanzar y mantener plena independencia, soberanía y autodeterminación, primero, contra el dominio colonial de la propia España y, luego, frente a las pretensiones anexionistas y neocolonialistas de los Estados Unidos de América.
(Imagen: Gilberto González)

Hay más locos en el mundo de los que uno pueda imaginar. Acabo de leer en una página de Internet la inconcebible idea de reintegrar a Cuba dentro de España, a través de un referendo, una vez restablecido el derecho a la ciudadanía española de todos los cubanos, lo que, según el autor, “significaría el primer peldaño para la creación de un bloque de Estados independientes, pero unidos política y económicamente bajo la bandera de la hispanidad”.

La invención resulta espectacularmente absurda en este momento, cuando la Segunda Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamericanos y de El Caribe (Celac), acaba de confirmar, sin lugar a la menor duda, no solo la pertenencia de Cuba a la que José Martí llamó Nuestra América, sino su indiscutible liderazgo en el proceso de integración regional.

El invento pretende desconocer siglos de lucha de los cubanos por alcanzar y mantener plena independencia, soberanía y autodeterminación, primero, contra el dominio colonial de la propia España y, luego, frente a las pretensiones anexionistas y neocolonialistas de los Estados Unidos de América.

Los autores parecen ignorar, incluso, los esfuerzos separatistas de varias regiones españolas, naturalmente inconformes con la orientación política y económica de los sucesivos gobiernos de ese país, que han sumido a la población de la península en una situación insostenible.

El propio documento reconoce que “Occidente atraviesa una crisis múltiple y profunda de carácter sistémico que afecta a su economía, a sus instituciones, y al final la supervivencia misma de la especie humana. España está al borde del colapso como nación…”.

Sin embargo, propone convencernos de abandonar nuestros más arraigados valores “utilizando las nuevas tecnologías”, con el propósito de “crear una opinión favorable a un plebiscito con una simple pregunta: ¿Desea usted la reunificación?”

Desconoce el autor que más del 98 por ciento de los cubanos aprobamos nuestra Constitución, que establece: “Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como República unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.

En primer término, no se puede hablar con propiedad de “reintegración”, porque nunca hubo una integración entre la antigua metrópoli y sus colonias, sino un afán depredador y un dominio esclavizador de España sobre estas tierras.

La voracidad y la incapacidad administrativa de la antigua metrópoli impidieron que las naciones de América colonizadas se convirtieran en provincias plenamente integradas al reino, en lugar de meros apéndices sometidos a la explotación devastadora y la represión inmisericorde.

Incluso, siglos después, los latinoamericanos siempre hemos sido considerados como personas de categorías inferiores; España nunca se ocupó de establecer relaciones de complementariedad económica y de respeto con sus antiguas colonias, y para colmo, ni siquiera pudo mantener vínculos neocoloniales con nuestros países, espacio que se dejó arrebatar por los Estados Unidos.

El proyecto pretende aislar a Cuba de su entorno natural: América Latina y El Caribe, donde ejerce un indiscutible liderazgo, que ha tenido la más fehaciente demostración en la recién finalizada cumbre de la Celac, que reunió, en La Habana, a los 33 países de la región, representados por 30 jefes de Estado o de Gobierno y delegaciones de alto nivel de los restantes.

Una cumbre que ratificó a la integración latinoamericana y caribeña, sin presencia foránea alguna, ni norteamericana ni europea, como el único camino para el desarrollo sostenible, con solidaridad, complementariedad, justicia social, paz y respeto a la soberanía, la independencia y la autodeterminación.

No podemos desconocer las malas intenciones del proyecto que pretende “reintegrar a Cuba dentro de España”; malignas pretensiones, medio encubiertas por la apelación a justos reclamos de la humanidad —aunque sacados de contexto—, pero aun así, nos parece la idea más loca y desesperada de quienes se quedaron estancados en su añoranza de un pasado colonial que tanto daño hizo a los pueblos latinoamericanos y que no benefició en nada a las masas de la metrópoli.

Tal aspiración no merecería siquiera un comentario, si no fuera un bonito pretexto para subrayar el rápido e indetenible avance de la genuina integración latinoamericana y caribeña, liderada por la Celac, cuya más reciente e indiscutible demostración fue la cumbre de La Habana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *