La Celac por una cultura de la humanidad protegida

Montaje: Radio COCO

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La verticalidad del gobierno de Ecuador de apoyar a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en la adopción de un acuerdo vinculante y de alcance universal en la próxima Cumbre sobre Cambio Climático (COP21), se corresponde con los principios éticos de la Revolución ciudadana.

Como presidente pro témpore de la Celac, la posición del país sudamericano se corresponde con las declaraciones del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de esa nación, hechas públicas recientemente.

Para Ecuador es obligatorio cumplir con el mandato acordado en enero del año en curso, que versa sobre la conformación de una posible posición común del ente regional hacia la 21 Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

A las puertas del evento, que tendrá como anfitrión a Francia, solo restan despejar las diferencias de países muy industrializados con el futuro de los que trabajan más por la humanidad que por llenar bolsillos de monedas.

Espera, sueña, desea, la organización integracionista de los países latinoamericanos y caribeños con arribar a conclusiones esperanzadoras para la humanidad, pues las secuelas del cambio climático es ya una triste realidad, que pasa por la toma de responsabilidades universales de las grandes economías responsables de la emisión, entre otras, de gases contaminantes.

La Celac ha sido capaz de identificar dos decenas de elementos bien definidos de cara a la cita universal.

Es notorio que sea un conjunto de países que no marcan el vanguardismo de la élite económica mundial quienes propongan acuerdos dirigidos a salvar la especie humana, evidentemente amenazada, no solo por la influencia climática de procedencia aparentemente natural, sino por la provocada por el hombre en su afán de dominio, para lo cual procede a utilizar armas destructivas tanto del patrimonio natural como del creado por el hombre.

El catálogo de desastres naturales aumenta a una velocidad desmedida, como lo muestra su aparición frecuente, así como por su alta y destructiva agresividad que va superando los records históricos sin exclusión de zonas geográficas ni perdón para los que tangan más o los que tengan menos recursos naturales, tecnológicos, políticos y armamentísticos.

La suerte no está echada, hay que detenerla.

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