Las noticias que llegan desde Venezuela, en las últimas horas, son especialmente alentadoras.
El gobierno constitucional de Nicolás Maduro anunció la derrota de la maniobra golpista que, desde hace más de un mes, ha provocado disturbios en algunas localidades, con el saldo de 28 muertos, decenas de heridos e importantes daños materiales.
La victoria de la Revolución Bolivariana es también un sonado fracaso para la nueva estrategia del gobierno de los Estados Unidos: el llamado “golpe suave”, que consiste en alentar y financiar —más de lo acostumbrado—, una oposición interna violenta, a la par que despliega todo el potencial mediático de que dispone, con el fin de satanizar a los gobiernos que no le son fieles y derribarlos.
La táctica es vieja. La han usado antes muchas veces, como antesala a sus intervenciones militares directas, pero ahora se trata de potenciarla, para tratar de lograr sus propósitos sin necesidad de exponer a los soldados norteamericanos en prolongadas y costosas campañas militares que, en definitiva, por lo menos en los últimos tiempos, nunca llegan a completar el dominio sobre los países agredidos.
El “golpe suave” comienza con fabricar marchas pacíficas, que los grupos de choque y francotiradores contratados por la Casa Blanca y la reacción interna se encargan de convertir en encuentros violentos con los agentes del orden, mientras los medios de difusión al servicio de los intereses norteamericanos tratan de crear el ambiente nacional e internacional propicio para “justificar” un golpe de Estado, con la supuesta violación de los derechos humanos y la represión, a la par que suman unilaterales sanciones económicas y políticas.
En algunos lugares, ha funcionado, al menos, de forma parcial. En otros, finalmente, han tenido que involucrar a las tropas propias y de sus aliados.
En Venezuela, la estrategia del “golpe suave” se hundió en el fracaso, porque el gobierno del presidente Hugo Chávez Frías, y de Nicolás Maduro, ha logrado un consenso popular que le permitió imponerse ante el poderío de sus enemigos.
Un componente decisivo del apoyo del pueblo venezolano a sus autoridades son los intensos programas sociales emprendidos por ese gobierno, con la ayuda solidaria de Cuba en sectores clave, como la salud y la educación, refuerzo que se ha mantenido incólume, incluso en los peores momentos, y que seguirá siendo efectivo en lo adelante.
Otro elemento clave de la victoria sobre el golpismo fue la estrategia de no responder violentamente a las provocaciones violentas, pero sin renunciar a restablecer el orden y la tranquilidad ciudadana.
Esto fue posible por el respaldo monolítico y disciplinado de las fuerzas armadas y los agentes del orden al gobierno constitucional, como complemento a la movilización masiva y pacífica de las masas populares.
No se debe olvidar tampoco la posición firme de la casi totalidad de los países latinoamericanos y caribeños, en defensa de la democracia venezolana, ni la labor de los medios alternativos de comunicación, que contribuyen a divulgar la verdad de lo que ocurre allí.
La derrota del golpismo ha puesto al desnudo a sus promotores, al revelar el llamado plan “La Salida”, nombre que basta para comprender el propósito de derribar a un gobierno constitucional, cuya validez ha sido ratificada por 19 ejercicios democráticos.
Los halcones de Washington, cegados por su prepotencia imperial, son incapaces de comprender que su estrategia del “golpe suave” no funciona frente a revoluciones verdaderas, protegidas por el respaldo popular y la legalidad.
Además, las motivaciones de los Estados Unidos y sus aliados son muy fuertes: se trata de la codicia por las mayores reservas de hidrocarburos del planeta, situadas a pocos kilómetros de sus sedientos motores, y del desespero por eliminar el ejemplo y el accionar integrador de Venezuela, que representa una amenaza real para sus afanes hegemónicos en América Latina y El Caribe.
Por eso, no cabe esperar que aprendan la lección y renuncien a sus esfuerzos por derribar al gobierno de Maduro. Seguirán promoviendo nuevos intentos, como lo han hecho hasta ahora que, lamentablemente, costarán más víctimas y daños a la economía venezolana, pero terminarán en otros descalabros para el golpismo.
La Revolución Bolivariana no puede bajar la guardia.


