Nicolás Maduro Moros, el autobusero de Caracas, devenido Presidente de Venezuela, el 14 de abril de 2013, cuando apenas había transcurrido algo más de un mes del fallecimiento del líder histórico de la Revolución Bolivariana, Hugo Rafael Chávez Frías, ha tenido que enfrentar no pocos obstáculos y dificultades, durante su corto período de gobierno.
El propio Maduro reconoció ante la Asamblea Nacional (parlamento), que 2013 fue el año más duro de la Revolución Bolivariana, y lo hizo durante la presentación ante dicho órgano legislativo de la Memoria y Cuenta de su gestión, a nueve meses de asunción como Mandatario.
Lo cierto es que Nicolás Maduro ha demostrado poseer la madurez y habilidad política suficientes para sortear todo tipo de celadas y conspiraciones, concebidas por la derecha, tanto hacia el interior como el exterior de esa nación suramericana, con el propósito de desestabilizar y dar al traste con su Gobierno.
En este corto período de gestión, Maduro y su gabinete han tenido que enfrentar una guerra económica despiadada, que entronizó en el país la especulación y el acaparamiento, lo cual motivó que el Mandatario se viera obligado a solicitar a la Asamblea Nacional la concesión de poderes especiales, mediante la llamada Ley Habilitante, que también le permite tomar medidas legales contra la violencia y la corrupción, males endémicos en Venezuela, que datan de la Cuarta República.
Estos dos flagelos han constituido obstáculos bien fuertes, para que Maduro pueda llevar a cabo, con éxito, el llamado Gobierno de Calle, que continuará en marcha este 2014, para conjurar el burocratismo en la gestión de las entidades públicas y sus nocivos efectos, apelando a la participación ciudadana, a través del contacto directo de las máximas autoridades del país con los ciudadanos.
A pesar de todos esos avatares, la economía venezolana creció 1,6 por ciento en 2013, cifra inferior a la prevista, pero que el Gobierno defiende como un logro ante el estrago y la especulación resultantes de las acciones opositoras con el apoyo de Estados Unidos. Para Maduro ese es un crecimiento real, distributivo en la sociedad y que expresa el modelo económico inclusivo venezolano.
El ministro de Finanzas, Nelson Morantes, pronosticó que en el 2014 habrá un mejor desempeño económico y una expectativa de crecimiento del cuatro por ciento; aunque entidades especializadas internacionales estiman que Venezuela estará entre los países de América Latina y el Caribe que quedarán rezagados en su crecimiento económico, y se prevé una contracción de 1,6 por ciento.
No obstante, esas adversidades económicas, Venezuela prosiguió adelante con sus políticas sociales de amplia cobertura, y un ejemplo de ello está en el Proyecto Canaima Educativo, a través del cual se prevé entregar en los próximos años dos millones de computadoras mini-portátiles a estudiantes de primaria y bachillerato, así como tableros para la educación universitaria. La cantidad se sumará a los dos millones 850 mil computadoras otorgadas con anterioridad y de manera gratuita a niños que cursan la educación primaria por el Estado venezolano.
Para respaldar el gasto público en el referido sector y en otros no menos importantes, el Gobierno de Nicolás Maduro profundizará las políticas de Inversiones con énfasis en 11 sectores: petróleo; petroquímica; construcción; industria; agropecuario; agroindustria; manufactura; turismo; textil; minería y comunicaciones de alta tecnología, lo cual evidencia la voluntad política de ir hacia la transformación de un modelo económico, sustentado en la renta petrolera- el país cuenta hoy con las mayores reservas probadas del crudo en el mundo-, hacia uno más productivo, eficiente y competitivo.

