¡Qué voy a ser sin ti, que voy a ser si me falta tu valor! Y como me atrevo a pensar algo así, serias tú en el que en este preciso momento me llamarías la atención de solo pensar el perder el valor, la humildad, le intransigencia, dejaría de ser cubana, dejaría de ser como tú.
Y sólo porque el destino se enfrascó en que nuevamente te montaras en el Yate, ese que hace 60 años utilizaste para definitivamente hacer de esta tierra hermosa una nación libre e independiente, tenemos que decirte hoy un hasta luego, nunca un adiós.
Porque seguirás siendo el Caguairán del que cada mañana brotan hojas, el abuelo de cada pequeño que añora ser como tú, el inmortal guerrero de mil batallas, el hombre humilde y sencillo que llevó a todo un pueblo a la libertad definitiva.
Tú no te has ido Fidel, estás en cada hombre y mujer, en el obrero y el campesino, en el niño y el joven, en el médico y el zapatero, en cada cubano y latinoamericano del que formas parte como eje central e indisoluble de la gran familia americana.
Y no te asombres, porque serán muchos los que por estos días vengan a tu encuentro, no será un solo hombre, serán tantos como para llenar las calles como solo tú has sabido llenarlas; y no vendrán a despedirte sino a beber de la sabia y las ideas que para caminar al futuro dejas como el buen maestro que se ha enfrascado en educar a sus alumnos.
Pero ya sé que siempre te voy a tener, y nunca puedo permitirme perder el valor, porque solo así seré capaz de mantener el principio de que este ha sido el momento histórico que nos ha tocado vivir, porque tenemos que seguir luchando por conquistar los sueños de justicia para Cuba y para el mundo.

