
Foto: Radio Rebelde
No me sorprende el entusiasmo de algunos internautas en sus comentarios ante las medidas adoptadas por el gobierno de los Estados Unidos, el 26 de enero, para aliviar algunas de las restricciones de su régimen de sanciones contra Cuba, pues el anuncio viene envuelto en el acostumbrado bagaje propagandístico.
Vea Usted: Jacob Lew, secretario del Tesoro, emitió un comunicado en el cual afirma que dichas medidas “envían un mensaje claro al mundo: los Estados Unidos (EE.UU.) se han comprometido a capacitar y permitir avances económicos para el pueblo cubano”. Eso quieren vender al mundo.
Creo que, de alguna forma, esas medidas podrán aliviar, un poquito (bien poquito), la pesada carga del bloqueo impuesto por el gobierno norteamericano contra Cuba, pero en ningún caso fueron concebidas con ese propósito, sino para favorecer intereses económicos y políticos “del lado de allá”.
Cambia, ligeramente, el color de la camisa de fuerza que atenaza a la economía cubana desde hace más de medio siglo, aunque las amarras siguen bien apretadas.
Las enmiendas puestas en vigor eliminan algunas “restricciones a las condiciones de pago y de financiamiento de las exportaciones y reexportaciones autorizadas a Cuba de ítems distintos a los agrícolas o materias primas”, precisa el comunicado de los departamentos del Tesoro y de Comercio.
Pienso que eso requiere una explicación: se trata de permitir créditos para las exportaciones y reexportaciones autorizadas, caso por caso, desde los EE.UU. hacia Cuba, con la precisa, pero nada divulgada condición de que ninguna de estas operaciones redunden en ingresos para el Estado cubano.
Es un intento de minimizar las consecuencias del bloqueo para los empresarios estadounidenses, sin buscarse problemas con los enemigos irreconciliables de la Revolución Cubana y, de paso, reforzar la campaña propagandística sobre la buena voluntad de la Casa Blanca.
Por la misma razón, se excluyen de ese beneficio los productos agrícolas (que habrá que seguir pagando “al cash”), y las materias primas que pudieran favorecer el desarrollo de alguna producción nacional.
Dicho de otro modo, se prohíbe expresamente todo lo que pudiera “permitir avances económicos para el pueblo cubano”, al contrario del cuento que nos quiere vender Jacob Lew.
El comunicado agrega que las mencionadas medidas deberán facilitar los viajes a Cuba, al permitir acuerdos sobre espacios reservados, código compartido y de arrendamiento con las líneas aéreas cubanas.
Aplausos, pero… ¿Significa el levantamiento de la prohibición de viajar libremente a Cuba que pesa sobre los ciudadanos de ese país? ¡De eso nada! Bueno, siempre facilitará un poco los viajes de los autorizados.
Sin embargo -mejor dicho, con “embargo”-, todas estas opciones tienen una traba adicional muy seria: Cuba tiene prohibido realizar ninguna operación con dólares norteamericanos.
Hasta aquí, tenemos unas medidas que solo benefician a los exportadores de los EE.UU. y, de paso, pueden endeudar a Cuba, con la agravante de que el precio de las importaciones se verá encarecido por complejas operaciones bancarias de cambio de moneda.
Para colmo, por si Usted no se ha percatado, ¡Cuba sigue sin poder exportar nada a los EE.UU.!
Nuestro Héroe Nacional, José Martí, escribió: “El comercio consiste en el cambio de productos extranjeros por nuestros productos, no en la introducción de efectos extranjeros sin salida de los nuestros”1.
De este modo, quienes piensan que estas medidas tendrán un impacto perceptible en la economía cubana, ni mucho menos en el bienestar de la población, se equivocan.
¿Qué pudiera hacer el Estado cubano? ¿Rechazar de plano las mencionadas disposiciones de Washington? No, porque sería dar cierta justificación para sus acusaciones de que somos intransigentes a ultranza, de que no queremos mejorar las relaciones, etc.
Eso les daría pretextos a los enemigos de la regularización de las relaciones bilaterales que aun rabian por los pasillos del Congreso y por los bares de Miami.
Lo mejor que podemos hacer -y creo que así se hace-, es aprovechar cada pequeña ventaja que brinden las nuevas medidas, seguir explicando que, a pesar de ellas, el bloqueo continúa intacto, y continuar nuestra lucha contra esa criminal política.
Y no lo digo yo, sino James Williams, presidente de Engage Cuba, organización promotora del levantamiento del bloqueo contra la Isla, cuando declaró que esas acciones reflejan “el apoyo de la amplia mayoría de los pueblos de Cuba y los Estados Unidos a la nueva política respecto a la Isla, y ya es hora de que el Congreso haga su trabajo y elimine el embargo (bloqueo), una política que fue un colosal fracaso durante 50 años”.
Cita bibliográfica:
1 Martí Pérez, José. Obras completas, Volumen 6, Página 349.
