
La mayoría republicana de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó recientemente dos cláusulas, destinadas a impedir el normal funcionamiento de las relaciones entre la nación norteña y Cuba. (Foto: www.diariowebcentroamerica.com)
En su afán de sabotear cualquier acción del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, la mayoría republicana de la Cámara de Representantes le hace el juego al grupito de furibundos enemigos de Cuba en ese cuerpo legislativo.
La más reciente acción en ese sentido fue la aprobación de dos cláusulas: una, sobre presupuestos al transporte urbano, que de hecho, pretende mantener las restricciones de viajes a Cuba; y otra, destinada a impedir cualquier transacción económica entre empresas norteamericanas y cubanas.
A quienes votaron a favor de la primera cláusula, no les importó que reduzca inversiones críticas en materia de transporte y seguridad, porque no les preocupa para nada el buen funcionamiento de su país ni el bienestar de su pueblo; solo les interesan sus propias aspiraciones políticas.
El propósito es impedir o, al menos, entorpecer lo más posible cualquier acción del presidente Barack Obama, para desacreditar al gobierno demócrata y, de esa sucia forma, tratar de asegurar un triunfo republicano en las elecciones del próximo año.
Como en otras ocasiones, la cláusula legislativa no podrá tener efecto, ya que impediría el normal funcionamiento del país, en este caso, en cuanto al transporte y la seguridad, pero obligará al mandatario a ejercer el veto.
Así, los legisladores republicanos podrán seguir acusándolo de gobernar por decreto, otra de las maniobras deshonestas que han practicado en diversas ocasiones.
Y ese modelo de “democracia” a dentelladas entre lobos de la misma camada es el que pretenden imponer a Cuba y al resto del mundo.
El mismo día, el Congreso aprobó otro documento, que prohíbe a toda entidad bajo jurisdicción de los Estados Unidos realizar exportaciones a militares cubanos.
De inmediato, los voceros de la contrarrevolución regurgitaron la vieja cantinela de que toda la economía cubana está en manos de militares, como si las entidades cubanas tuvieran dueños individuales y estos vistieran uniformes.
Se apoyan, de manera oportunista, en el hecho de que sí, la inmensa mayoría de los hombres y un alto porcentaje de las mujeres de este país son o han sido miembros de los cuerpos armados, no porque nos guste, sino por la imperiosa necesidad de estar preparados para defendernos, ante las constantes agresiones y la permanente amenaza procedente de los Estados Unidos.
Pretenden así evitar que se establezcan vínculos económicos bilaterales y perpetuar el genocida bloqueo.
De nuevo, salvo algunos congresistas que viven y se enriquecen de la hostilidad contra Cuba, los demás legisladores que respaldan esa absurda medida están motivados solo por el afán de desmeritar a la actual administración demócrata, sin considerar que muchos de los donantes que deciden, con su dinero, los resultados de las elecciones en ese país, son empresarios interesados en negociar con Cuba.
La Casa Blanca también tendrá que vetar esta norma.
Acciones de ese tipo entorpecerán y dilatarán el proceso hacia una futura normalización de las relaciones bilaterales, pero no podrán impedir que suceda, y los cubanos hemos dado sobradas muestras de resistencia.
A quien se le acaba el tiempo es al gobierno de los Estados Unidos, que pierde las oportunidades de relacionarse civilizadamente con Cuba y mejorar su deteriorada imagen ante el mundo.
Entretanto, a los empresarios norteamericanos igualmente se les van de las manos muchas oportunidades de negocios mutuamente beneficiosos con Cuba, ocasiones que serán aprovechadas por emprendedores de otros países.

