Odalys, la hija de Felo

Odalys, la hija de Felo. Foto: Radio COCO

Odalys, la hija de Felo. Foto: Radio COCO

La Tercera Jornada Mundial por la Libertad de Los Cinco y contra el Terrorismo finaliza, este 6 de octubre, cuando se cumplen 38 años de uno de los crímenes más horrendos de la guerra sucia contra Cuba, cuyos autores siempre han disfrutado —y disfrutan— de la paternal protección de quien los engendró: el gobierno de los Estados Unidos.

Para recordar la fecha, pongo a disposición del lector este desgarrador testimonio:

“Mi nombre es Odalys, y soy la hija de Wilfredo Pérez Pérez, el capitán del avión de Cubana al que hicieron explotar, en pleno vuelo, el 6 de octubre de 1976. Yo solo tenía 10 años.

“Muchas veces he soñado cómo murieron esas 73 personas: quemados, asfixiados, ahogados… Debe haber sido terrible la muerte de todos.

“Cierro los ojos e imagino a mi padre, luchando por salvar sus vidas. ¡Esa era su responsabilidad! Y no pudo cumplirla.

“Aprendí, desde pequeña, el dolor intenso de la pérdida de un ser querido. Aprendí el significado de las palabras muerte, asesinos, terror… Aprendí a vivir con el dolor de mi madre, que murió antes de tiempo, que dejó de reír, de besarnos, por la enorme tristeza que nos ha acompañado siempre.

“Mi padre tenía 36 años, un hombre lleno de vida, un cubano como otro cualquiera, pero muy amoroso con todos nosotros, con mis hermanos, conmigo. Puedo recordar su presencia. Me acompañaba a los conciertos de Danny Rivera, porque sus canciones siempre me han gustado mucho.

“Sin embargo, no tuve su presencia en momentos importantísimos de la vida: cuando me gradué en la universidad, cuando me casé, cuando tuve a mis tres hijas.

“Recuerdo que me prometió llevarme a la playa, pero nunca lo hizo, porque le tenía miedo al mar, y murió en el mar.

“La camisa de mi padre sigue en el escaparate. Los asesinos de nuestros padres no nos dieron ni el consuelo de depositar una flor en el cementerio, porque no se ha encontrado ni un pedacito de sus cuerpos.

“Hoy queremos alertar al mundo el peligro que representa que se encuentre libre el asesino Luis Posada Carriles, que sigue dirigiendo acciones de terror en nuestra hermana República Bolivariana de Venezuela. No es ese viejito infeliz que quieren pintarnos algunos medios de prensa, sino el terrible asesino de nuestro padre y de muchas otras personas inocentes que hoy también serían viejos, pero que no tenemos el privilegio de cuidarlos.

“Nuestra lucha es para que no sufran más los hijos, esposas y madres de nuestros tres hermanos que aun continúan presos injustamente en los Estados Unidos, por tratar de prevenir nuevos crímenes como el de Barbados.

“No podemos seguir permitiendo que las madres sigan sin sus hijos; las esposas, sin sus esposos; los hijos sin sus padres. Por favor, démosles la satisfacción de reírse juntos, acariciarse, besarse, jugar. Nosotros no tuvimos esa dicha nunca más. ¡Pongámosle fin a esa gran injusticia!

“Agradezco, enormemente a los familiares de nuestros hermanos, por enseñarnos a sobrellevar los sinsabores de la vida, sin desmayar en el empeño de vivir lo mejor posible, aun en las peores circunstancias.

“Y en nombre de las víctimas de actos terroristas, nuestro más profundo respeto y admiración a nuestros cinco hermanos y a sus familiares, por inculcarnos valores de unidad, solidaridad, resistencia, revolución… ¡Gracias por enriquecernos espiritualmente! Ustedes son nuestro acicate para continuar la lucha. ¡Gracias por evitar que más familias cubanas lloren la pérdida de sus seres queridos!”

Odalys reiteró su testimonio en ocasión de la jornada, que incluyó una gran variedad de acciones, en los Estados Unidos de América, donde aun guardan injusta prisión tres de los héroes cubanos, y en cerca de otros 40 países.

Se produjeron manifestaciones frente a las embajadas y consulados norteamericanos, conciertos, recorridos en bicicleta, caminatas, ascensos a montañas y otras muchas iniciativas.

Hubo un aluvión de cartas, mensajes de correo electrónico, llamadas telefónicas y declaraciones públicas, instando al presidente norteamericano a poner fin a la injusticia, junto con debates en las redes sociales, publicaciones electrónicas, boletines, programas de radio y televisión, en fin, cualquier medio posible para abrir brechas al muro de silencio levantado en torno al caso.

Esta jornada fue mucho más intensa que las anteriores, pero aun no es suficiente: hay que levantar un clamor tan grande, que sea insoportable para el gobierno de los Estados Unidos, y lo obligue a poner fin a la injusticia.

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