Ningún analista fiel a su oficio, puede permanecer ajeno a las palabras pronunciadas este 17 de diciembre de 2014 – marquen esa fecha en el calendario de la historia patria- por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz, sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, fruto de la resistencia de esta Isla de amores y esperanzas.
Al conocer la noticia, a muy pocos días de finalizar el año, sentí el deseo de beberme una copa de ron por la felicidad del regreso definitivo de los cinco héroes hermanos, hasta ahora presos en cárceles del imperio por luchar contra el terrorismo, y también el deseo de escuchar esa magnífica interpretación de Me dicen Cuba por Alexander Abreu y su orquesta Habana de Primera, pues constituye una pieza musical devenida himno, porque define el orgullo y la hechura de esta familia de más de 11 millones de personas, e incluso, las que están a uno y otro lado de la orilla del Estrecho de la Florida.
Sin echar a un lado la emoción propia del momento, no puedo dejar de mencionar algunos asuntos de mayor alcance y hondura, que están en el trasfondo y los antecedentes de las palabras pronunciadas por Raúl.
En lo personal, aprecié que la serie de editoriales publicados en las últimas semanas por el influyente diario norteamericano The New York Times, estaban dirigidas a establecer los puentes y canales necesarios para el diálogo y el entendimiento entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos.
Recordemos que recientemente visitó La Habana en viaje de trabajo el editorialista Ernesto Londoño, quien escribió el pasado lunes 15 de diciembre el artículo La economía de Cuba en una encrucijada, en el cual abogó una vez más por un cambio en la política de sanciones que mantiene Estados Unidos contra Cuba, como el bloqueo, cuyas pérdidas económicas acumuladas ascienden a un billón 112 mil 534 millones de dólares, con un daño humano incalculable en sectores vinculados a la salud pública y la educación.
También en esa agenda mediática que suele formar estados de opinión en asuntos vitales de la política, la economía y la sociedad, hay que incluir la elección como “Persona del Año” a los luchadores contra la epidemia del Ébola por parte de la publicación semanal estadounidense Time Magazine. Recordemos que los médicos cubanos juegan un importante papel en el combate contra el ébola en países de África Occidental, misión que también generó, en su momento, un elogio público por parte de John Kerry, Secretario de Estado de Estados Unidos. Innegablemente, se estaba conformando un escenario favorable, para lo que se veía venir, aunque José Martí dijo que en política lo real es lo que no se.
Para quienes nacimos en Cuba y queremos lo mejor para ella, debemos valorar en todo su alcance las palabras pronunciadas por Raúl. Habrá que rediseñar muchas cosas, cambiar otras tantas, vencer la barrera psicológica propia del hostigamiento de más de cinco décadas, y sobre todo aprender a convivir con las diferencias, mediante la imprescindible tolerancia.
Cuba está inmersa en un proceso de reformas económico-sociales, un verdadero viaje hacia lo ignoto, como ha dicho el propio Raúl, y las decisiones adoptadas con respecto a las relaciones de la Isla y Estados Unidos, se suman a la hoja de ruta de dichas reformas, con sus lógicos desafíos y riesgos, los cuales también probarán a los cubanos como pueblo, si se asumen, desde la más raigal identidad y soberanía nacionales.
Más de 50 años de ruptura y aislamiento mutuos, requerirán de una arquitectura e ingeniería de altos quilates, para construir, con éxito, bloque a bloque, piedra a piedra, las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Es solo el primer paso de un camino largo.

