
Nueve civiles, incluyendo a cuatro niños, murieron tras el ataque estadounidense con misiles contra una base aérea siria cerca de la ciudad de Homs el viernes, dijo la agencia estatal de noticias siria. Foto: Diario Cuatro Vientos
Las recientes acciones y declaraciones del Gobierno de los Estados Unidos, además de poner al mundo al borde del holocausto, han enviado mensajes de aliento e impunidad a los promotores del terrorismo, dentro y fuera de las fronteras de ese país, en todas las latitudes.
Actos tan prepotentes e irresponsables como el bombardeo a la base siria de Al- Shayrat; el lanzamiento de la superbomba GBU-43 sobre una supuesta base del autodenominado Estado Islámico en la provincia oriental afgana de Nangarhar, y el envío del portaaviones USS Carl Vinson y su grupo de ataque hacia aguas cercanas a Corea del Norte, lejos de contribuir a enfrentar el terrorismo internacional, representan un fuerte aliento a ese fenómeno, creado por la propia política de los EE. UU. y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan).
Las declaraciones belicistas que han acompañado a esos actos tienen el mismo efecto, que es visible en todo el mundo, incluso dentro del territorio norteamericano y en países no relacionados con ninguno de esos conflictos, por ejemplo, contra Cuba.
El ilegal ataque con 59 misiles crucero a la base aérea de Shayrat, en Siria, pudo haber provocado una respuesta militar rusa, de imprevisibles consecuencias, dado el despliegue militar del coloso euroasiático en territorio sirio. De hecho, Rusia anunció que acaba de actualizar 60 por ciento de su fuerza nuclear y que está “lista para la guerra”.
La agresión se produjo en un momento en que los terroristas estaban perdiendo terreno, frente a la contraofensiva del ejército sirio, que había liberado 85 por ciento de los territorios ocupados y avanzaba hacia las bases de Al-Nusra. Después del bombardeo, los terroristas de Daesh han pasado a la ofensiva.
Estados Unidos lanzó el 13 de abril un proyectil GBU-43, la bomba más poderosa de su arsenal no nuclear, contra una supuesta base estratégica del Estado Islámico en la provincia oriental afgana de Nangarhar, cerca de la frontera con Paquistán, un país con capacidad nuclear.
Según el Gobierno afgano, la superbomba había destruido el enclave, matado a numerosos efectivos de la organización terrorista, y “no se confirmaron” bajas civiles, lo cual resulta muy extraño, dado el enorme radio de acción de la onda expansiva, en un territorio poblado.
Sin embargo, el Estado Islámico desmintió que haya sufrido bajas y, sea verdad una afirmación o la otra, lo importante es que los EE. UU. volvieron a ejecutar un acto de gran riesgo para la humanidad.
Quizás el Pentágono estaba loco por probar “la madre de todas las bombas” en seres humanos y el Gobierno norteamericano quiso lanzar otra amenaza al mundo.
No obstante, la prensa moscovita le tiró una trompetilla, al recordar que Rusia dispone del “padre de todas las bombas”, cuatro veces más potente.
Lo que estamos viviendo no es gracioso, sino una vuelta a los días intimidantes de la guerra fría, con un renovado despliegue de la carrera armamentista, que solo puede conducir al fin de la humanidad.
Y esa terrible meta puede estar muy cerca, tras la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de enviar “una armada muy poderosa” hacia aguas cercanas a la República Popular Democrática de Corea.
El envío del portaaviones nuclear USS Carl Vinson y su grupo de ataque a las inmediaciones de la península de Corea es una amenaza muy seria, que se complementa con declaraciones belicistas sobre un posible ataque a ese país.
Recordar que la llamada Corea del Norte posee armas nucleares y medios portadores de demostrada eficacia, y que acaba de exhibir sus misiles balísticos intercontinentales en un enorme desfile militar en el centro de Pyongyang, con motivo del natalicio de Kim Il Sung, líder fundador de la nación.
En el acto, Choe Ryong Hae, un alto dirigente coreano, acusó al presidente de Estados Unidos de crear una situación de guerra en la península y advirtió: “Responderemos a una guerra abierta con una guerra abierta y a una guerra nuclear con un ataque nuclear a nuestro estilo”.
La detonación de una bomba atómica, por pequeña que sea y en cualquier lugar, puede desatar una reacción en cadena que conduzca al fin de la vida en el planeta.
Ese riesgo es mucho mayor aun en esa zona, muy cerca de Rusia y de China, potencias nucleares que sufrirían inevitablemente los efectos.
Aliento al extremismo
Mientras, la reacción internacional está muy motivada con los acontecimientos: la cohorte extremista en el Congreso de los EE. UU. —Ileana Ros-Lehtinen, Marco Rubio, Robert “Bob” Menéndez, Carlos Curbelo y algún que otro— están arremetiendo con todo contra los gobiernos progresistas del continente: Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia… y por supuesto, Cuba.
El terrorismo está en auge en todos los continentes, en todas las formas posibles, y la mafia anticubana quiere revivirlo también en nuestro país.
Por eso no sorprende que un terrorista dirija el entrenamiento de jóvenes cubanos en Miami, como denuncia en el sitio Rebelión el famoso exagente de la Seguridad de Estado Percy Francisco Alvarado Godoy.
Tras la fachada de Fundación Rescate Jurídico (FRJ), un grupo anticubano, dirigido por el connotado terrorista Santiago Álvarez Fernández Magriñá, organiza seminarios de entrenamiento en la casa Bacardí, del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, en Coral Gables.
En la segunda edición del pretendido “Encuentro Fraternal por la Democracia en Cuba”, participan alrededor de 30 contrarrevolucionarios captados dentro de la Isla.
Los “profesores” son rabiosos enemigos de Cuba, tales como Pedro Roy, Ángel de Fana, Ángel Cuadra, Carlos Alberto Montaner y Rosa María Payá, quienes brindan conferencias y charlas sobre supuestos escenarios del futuro político en nuestro país.
Pero, en realidad se trata de una evaluación de las potencialidades de los participantes como activistas de la subversión, denuncia Alvarado.
Por supuesto, los asistentes van en busca de los incentivos de siempre: el pago por sus servicios al enemigo de su país, la oportunidad de viajar y recibir trato de turistas en La Florida y un dudoso protagonismo entre sus propios correligionarios, válido para obtener mayores prebendas.
Sin embargo, la propia calaña de Fernández Magriñá y su historial terrorista, que incluye su participación en planes para dinamitar el cabaret Tropicana en 2001; propiciar acciones criminales durante la visita a Cuba del papa Benedicto XVI, y en la Feria Internacional del Libro de La Habana, y su detención en noviembre del 2005, por posesión de un considerable alijo de armas, revelan los verdaderos propósitos de los “seminarios”.
Está claro que intenta seleccionar y entrenar agentes terroristas, para organizar acciones violentas en Cuba, como las que ha protagonizado la mafia miamense durante décadas.
La contrarrevolución continental nunca ha cejado en sus empeños de subvertir los procesos revolucionarios y progresistas por medios violentos, pero el actual incremento de la política belicista de Washington constituye un peligroso incentivo al terrorismo en todo el orbe, y las noticias de cada día lo confirman.

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