Confieso que temí un voto de castigo del electorado contra el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro Moros- y de hecho contra la Revolución Bolivariana-, durante las elecciones municipales efectuadas en Venezuela el domingo ocho de diciembre (8-D) de 2013. Pero, por suerte, fracasó la derecha, encabezada por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en sus claras pretensiones de convertir dichos comicios en un “plebiscito “, para dar al traste con el Mandatario legítimo de ese país.
Mi preocupación al respecto, traté, en cierta medida, de explicarla, en un comentario previo a las referidas elecciones, publicado en este propio sitio digital, bajo el título En Venezuela ¡se juega el 8-D! Aunque como dejé escrito entonces, no trataba de asumir una posición apocalíptica, mucho menos derrotista, ante una situación económica- política compleja para la Revolución Bolivariana, también subrayé que no podían subestimarse las innegables debilidades- errores aparte- de ese proceso transformador.
Sobre esto último pudiera citar, el indiscutible desgaste que para las estructuras del Gobierno de Maduro- ganó las elecciones presidenciales hace algo más de siete meses- representó -y representa aún- la sostenida guerra económica de sectores de la burguesía derechista, con un lógico impacto en la psicología popular, dado la especulación y el acaparamiento, unido a una creciente inflación inducida por los propios promotores de dicha guerra.
A lo anterior se suma, situaciones subjetivas adelantadas, en su momento, por Osviel Castro Medel, enviado especial del diario cubano Juventud Rebelde, quien a pocas horas de los comicios municipales venezolanos escribió: “Los bolivarianos, especialmente, deberán seguir trabajando en la conciencia de algunos sectores pobres y de medios ingresos, que contra toda lógica no sufragan la Revolución. Y la izquierda necesita encarecidamente robustecerse, crecer mucho más”.
Se trata de realidades que trascienden los resultados en las urnas electorales el 8-D, cuando el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)- izquierda- obtuvo 212 de las 257 alcaldías donde los resultados son irreversibles, mientras que la Mesa de Unidad Democrática (MUD)- derecha- se alzó con 53, y otras formaciones políticas con ocho.
Si bien en el número de votos, el PSUV y sus partidos aliaos de Gran Polo Patriótico obtuvieron cinco millones 111 mil 336 votos (49. 24 por ciento del total), en tanto que el MUD alcanzó 4 millones 435 mil o97 votos (42.72 por ciento del total), marcando una diferencia de alrededor de 680 mil votos, los partidarios de la Revolución Bolivariana no deben ni pueden dormirse en los laureles del triunfo, pues si en los comicios efectuados- 19 en total- en los últimos 14 años, dichas huestes se han llevado el “gato al agua”, de forma contundente, en la mayoría de ellos, también han de saber que la Revolución es un proceso cambiante, enigmático e imprevisible, donde la unidad liderazgo-masas suele decidir su curso ante las circunstancias más adversas, que no son pocas.

