
Algunos políticos norteamericanos rabian porque se les acaba el negocio de la hostilidad hacia Cuba. Diseño: Gilberto González García
Unos pocos ejemplos recientes bastan para demostrar que el derrumbe del bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba es un hecho irreversible, solo cuestión de tiempo y procedimientos, aunque hay que seguir empujando para que suceda lo antes posible.
Los gobernadores de nueve estados norteamericanos enviaron, este martes, una carta a los líderes del Congreso estadounidense solicitando el levantamiento del bloqueo a Cuba, porque “las restricciones financieras impuestas limitan la capacidad de las empresas de los Estados Unidos para intervenir competitivamente en el mercado cubano”.
“Es hora de que el Congreso tome medidas y retire las restricciones de viaje, financieras y otras que impiden una relación normal y el comercio entre nuestro país y Cuba”, indica la carta remitida por los gobernadores.
Los firmantes son: Robert Bentley (Alabama), C. L. Otter (Idaho), Steve Bullock (Montana), Edmund G. Brown (California), Mark Dayton (Minnesota), Thomas Wolf (Pennsylvania), Peter Shumlin (Vermont), Terence R. McAuliffe (Virginia) y Jay Inslee (Washington).
Casi simultáneamente, unas 25 empresas norteamericanas han reservado espacios expositivos en la trigésimo tercera Feria Internacional de La Habana (Fihav 2015) , que tendrá lugar en la primera semana de noviembre, con el fin de abrir espacios para insertarse en la economía cubana cuando sean eliminadas las restricciones derivadas del bloqueo.
Por otra parte, Marcelino Medina, canciller interino cubano, se reunió en La Habana con los congresistas estadounidenses Cheri Bustos (demócrata) y Rodney Davis (republicano), ambos del Estado de Illinois, y en otro encuentro, con Erik Paulsen (republicano por Minnesota), y Mark Takano (demócrata por California).
Medina y los congresistas conversaron sobre el estado actual de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, el proceso de actualización del modelo económico y la política exterior cubanos y acerca del actual debate en el Congreso estadounidense sobre la política de ese país hacia la mayor de Las Antillas y el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de Estados Unidos desde 1962.
Hace unos días, Penny Pritzker, secretaria de Comercio norteamericana, realizó una visita oficial a Cuba, la segunda de un integrante del Gobierno de Barack Obama a la Isla desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas, en julio pasado.
Pritzker declaró a la prensa que los principales propósitos de su visita fueron conocer el sistema económico cubano y potenciar las relaciones comerciales, aprovechando las medidas de flexibilización del bloqueo adoptadas en enero y septiembre.
Estos y otros ejemplos deberían bastar para convencer a cualquiera de que el levantamiento de la genocida e inútil guerra económica contra Cuba es solo cuestión de tiempo y procedimientos, pero ya se configura como un proceso irreversible.
Sin embargo, algunos insisten en tratar de sabotearlo, por todos los medios a su alcance.
Un grupito de congresistas, encabezados por Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart, Marco Rubio, Robert “Bob” Menéndez y John Boehner, fabrican todos los obstáculos posibles para tratar de impedir que el Congreso derogue las leyes que sustentan al bloqueo.
El senador republicano y ahora precandidato a la presidencia Marco Rubio, de Florida, calificó de “terrible” la decisión tomada por la Casa Blanca acerca de restablecer las relaciones bilaterales, sobre la base de las mismas viejas mentiras de que Cuba auspicia el terrorismo y otras por el estilo, y aseguró que utilizará su influencia en el Congreso para tratar de bloquear las medidas del presidente Obama.
El republicano John Boehner, quien acaba de renunciar como presidente de la Cámara de Representantes, había dicho que no permitiría que se normalicen las relaciones con Cuba.
El demócrata Robert Menéndez (Nueva Jersey), miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y que actualmente enfrenta cargos por corrupción, expresó “gran preocupación” por la trayectoria de la política estadounidense hacia Cuba desde diciembre de 2014 y reiteró la necesidad de presionar al gobierno de La Habana para lograr cambios políticos, una fórmula escandalosamente injerencista que es la base de la tradicional política norteamericana contra este país.
Mientras, otros enemigos de Cuba tratan de sellar con falacias las crecientes grietas que se están abriendo al muro del bloqueo, y apuestan por desalentar a potenciales empresarios e inversionistas norteamericanos y de otros países.
Tomás Regalado, alcalde de Miami (republicano), viajó a Madrid para participar en un encuentro con más de 100 empresarios españoles, organizado por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (Ceoe), para recomendarles “cautela” a las empresas españolas que quieran invertir en Cuba porque, a su juicio, “no es seguro” debido a que “las leyes cubanas todavía no han cambiado”.
Es difícil creer que este señor no se haya enterado del contenido de la nueva Ley de Inversión Extranjera, puesta en vigor en Cuba, y de las facilidades que ofrece la Zona Especial de Desarrollo Mariel.
Uno se podría preguntar si estos políticos no se han dado cuenta de la imposibilidad de detener el proceso de normalización de relaciones bilaterales, ni de imponer concesiones de principios a Cuba.
Claro que tienen que saberlo, pero sus pataleos están motivados porque todos ellos han hecho fortuna y carrera política con el negocio de la hostilidad hacia Cuba, que está en franca decadencia, y tratan de aferrarse a cualquier jirón de esa vieja y podrida bandera, mientras dure.
No hay que descartar tampoco las motivaciones “ideológicas”, léase la rabia que les provoca el estrepitoso fracaso de sus maniobras de todo tipo por revertir el proceso revolucionario cubano, una frustración permanente durante todas sus vidas, aunque nunca tan evidente como ahora, y que los revela como cadáveres vivientes, verdaderos zombis políticos.
