Reyes magos con barbas negras

La ilusión de los niños por conocer los juguetes que los Reyes Magos ­―señores saludables, de vientre alimentado, barba blanca y rostro feliz, viajando en trineos o camellos y con bolsos cargados de regalos― dejarían bajos sus camas cada 5 de enero, es un recuerdo oscuro que aprieta el pecho hasta dejarlo sin espacio para que el corazón lata normalmente.

Reyes Magos con barbas negras entraron en La Habana el 8 de enero de 2014

Reyes Magos con barbas negras entraron en La Habana el 8 de enero de 2014

La frustración y el llanto, incluso para aquellos que los Reyes les dejaran mayores bonazas, cubría más espacios en las pequeñas almas amargadas que de eufóricas esperas.

Primero es difícil explicar cómo los Reyes podían viajar por un país totalmente tropical, solo si extrapolara ese medio, pensando en los estados del norte.

Segundo cuando los infantes descubrían la realidad, se quebraba la fantasía.

Unos con dinero sobrado para obsequiar a sus hijos bicicletas marca Niágara; ponys; trenes eléctricos; trajes de cowboy completos, con revólveres y todo; o de béisbol de las ligas americanas. Y no faltaron los autos, las casas y los viajes al extranjero, conscientes esos ya adolescentes o jóvenes del verdadero origen de los Reyes Magos.

Mientras que estos nobles reyes transportaban sus regalos, ya no en trineos, sino en camionetas, hacia los barrios ricos de La Habana burguesa, como Miramar o el Biltmore, la cara opuesta la brindaban los muchos barrios pobres o marginados de aquella ciudad que lucía lentejuelas para ocultar la crueldad de la miseria.

Allá no llegaban esos lúdicos encomenderos. Muchos niños lloraron amargamente cuando ese 6 de enero asomaban sus rostros, bien paliduchos ―síntoma de enfermedades evitables, de alimentación escasa y hasta de higiene negada― y no encontraban un juguetito por modesto que fuera.

Algunos se alegraban mucho porque encontraron o una pistolita de chicharra, o una pelota de béisbol, o un juego de yaquis, o una muñequita de trapo, con lo cual se apresuraban a salir para la calle para expresar su inaguantable alegría, que pronto desaparecía como por arte de magia, porque siempre hubo algunos un poquito más beneficiados por los Reyes Magos, que recibieron juguetes de más valor.

No fue por casualidad, ni por golpe de suerte, sino que gracias a la voluntad de eliminar las desigualdades sociales que un primero de enero de 1959 llegaran otros Reyes, ya no Magos sino reales, no en trineos, sino en caravana victoriosa, rodeados de pueblo feliz, con regalos eternos, desprovistos de falsedades y por ende de frustraciones.

Algunos niños se vieron forzados a partir hacia la “tierra prometida”. Esos continuaron con la fantasía y con alegrías cubiertas de tristezas por la vanidad que tejían sus vidas, en tanto los que quedaron en tierra nueva, no solo despertaban viendo días luminosos, sino que poco a poco sus rostros tomaban color, la negrura brilló y las cabecitas vacías se llenaban de números y letras.

La alegría efímera se transformó en felicidad para toda la vida y el engaño en verdades infinitas.

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