Si tienes techo de vidrio, no tires piedras al vecino

Mauricio Macri. Foto: Internet

Mauricio Macri. Foto: Internet

El presidente argentino, Mauricio Macri, “enfermó” repentinamente y no pudo asistir a la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a enfrentar, cara a cara, al presidente venezolano, Nicolás Maduro, quien dijo que irá a la reunión “con todas las verdades y para que se respete el espíritu de unión en la diversidad”.

Macri ha hecho numerosas declaraciones injerencistas e irrespetuosas contra el gobierno de Venezuela, acusando a Maduro de que “se ha distanciado del respeto a los derechos humanos” y exigiéndole que “respete las libertades de aquellos que participan en política desde la oposición”, en referencia a los instigadores de acciones violentas que extinguen sanciones por su responsabilidad en la muerte de 43 personas.

Mientras, el tambaleante jefe del no menos inestable gobierno español, Mariano Rajoy, también se ha dedicado a despotricar contra Maduro, con ínfulas que remedan a los reyes de la extinta metrópoli colonialista.

¿No debería preocuparlo y ocuparlo su muy precaria posición, frente al rechazo de la gran mayoría de los españoles y a cargo de un gobierno que no existe en la realidad, porque no es capaz de constituirse?

Ambos jefes de Estado son asistidos por sus respectivos cancilleres en la cruzada que han emprendido contra el legítimo gobierno bolivariano -muchas veces legitimado por el pueblo-.

Los ministros de Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, y de Argentina, Susana Malcorra, igualmente manifiestan “preocupación por la situación en Venezuela”, en lugar de preocuparse -y ocuparse- del rechazo popular a las acciones de sus propios respectivos gobiernos.

García-Margallo dice que desea para Venezuela lo mismo que para España: “derechos humanos, democracia y prosperidad económica”, y hace bien en desear todo eso para el pobre pueblo español, privado de derechos fundamentales como al trabajo, a la salud, a una vivienda digna… Pero el gobierno que él representa no ha hecho nada por asegurarles esos derechos a los españoles, como sí lo viene haciendo el Gobierno bolivariano.

Malcorra dice seguir “muy de cerca” todo lo que pase en Venezuela, preocupadísima por “cualquier cosa que desestabilice este país”. ¿Dónde estaba esta señora cuando la derecha golpista secuestró a Hugo Chávez? ¿No le preocuparon el golpe petrolero, las “guarimbas” criminales y la guerra económica, que pudieron tener “un impacto desestabilizador en toda la región”?

Maduro ya le contestó a Rajoy: “Ese señor debería irse para su casa en vez de estar hablando de Venezuela; queda grande la palabra Venezuela en la boca de ese señor Rajoy, terco instrumento de las oligarquías financieras de Europa, de la corrupción en España”, que cosechó “el 75 por ciento de rechazo del pueblo español en las elecciones del 20 de diciembre”.

Y a Macri, le advirtió: “O nos respetamos todos o se acaban la reglas de juego”, y dijo que irá a la cumbre de la Celac “con todas las verdades y para que se respete el espíritu de unión en la diversidad”.

Pero, lamentablemente, no podrá decirle esas verdades al pobre Macri, que debe estar muy enfermo, con alguna grave inestabilidad de las vías digestivas…

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