El tufo sospechoso de la hipercrítica

Diseño: Gilberto González García

Cuando la intención es desacreditar, se enarbola cualquier absurdo como argumento.

El proceso de consulta del proyecto de Constitución, que comenzará en Cuba el lunes, es una expresión del carácter democrático y participativo del Estado revolucionario y constituye un ejercicio del poder soberano del pueblo, devenido órgano constituyente de la nación, lo que nos distingue de otras sociedades que se proclaman paradigmas de democracia.

Pero, acabo de leer un artículo cuya autora se queja, nada menos ¡de que cada uno de los ciudadanos no haya participado, directamente, en la redacción del proyecto de la nueva Constitución!

No explica cómo, supuestamente, podría ser organizado ese supermaratón legislativo.

Esa autora —cuyo nombre me reservo, pues no le daré inmerecido crédito—, acude al disparate, ante la falta de argumentos sensatos para denigrar un proceso excepcionalmente democrático y participativo.

Hay que partir de una base para llegar a la cima, y recuerdo que un equipo de experimentados juristas dedicó varios años a redactar el primer anteproyecto de Constitución, que fue perfeccionado por una comisión de expertos, reunidos durante meses.

El Buró Político del Partido Comunista de Cuba dedicó cuatro días a revisar el texto, y los 605 diputados a Asamblea Nacional discutieron cada párrafo, en comisiones, y luego en reunión plenaria, ampliamente difundida por televisión.

Como hecho excepcional en el mundo, todos y cada uno de los ciudadanos podrán proponer los cambios que consideren necesarios a la Ley de Leyes, y todas y cada una de sus proposiciones serán consideradas para la redacción final.

El proyecto resultante de esa masiva consulta va a ser evaluado por la Asamblea Nacional y solo entrará en vigor con la aprobación popular, por el voto libre, universal, secreto y directo de los electores.

Más de un millón de ciudadanos adquirieron, en menos de una semana, el tabloide con el proyecto de Constitución y lo estudian para, a partir del lunes, convertirse en efectiva asamblea constituyente.

Esa es la mejor respuesta a la hipercrítica.

¿Quiere más democracia?

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