Cuando digo que el senador norteamericano Marco Antonio Rubio tiene el alma negra, no es una alusión racista: me refiero a sus oscuros sentimientos.
Ese señor debe estar podrido en dinero, cuando decide desperdiciarlo en una campaña electoral en la cual, difícilmente, pueda pasar de las primarias del Partido Republicano.
Rubio no es rubio, en el sentido de que no es hijo de padres norteamericanos de blonda cabellera y ojos claros, lo cual ya es un problema, pues los republicanos suelen ser bastante xenófobos.
Tampoco es latino, porque nació en los Estados Unidos, y con su terca oposición a la reforma migratoria del presidente norteamericano Barack Obama, no conseguirá mucho apoyo de los emigrantes latinoamericanos.
Aunque es hijo de emigrantes cubanos, no es “cubanoamericano”, como le gusta presentarse, tratando de ganar adeptos en La Florida, donde nació, y si busca respaldo electoral en ese Estado, acaba de dar otra brazada contra la corriente, al reiterar su visceral rechazo a cualquier acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos, proceso que tiene mayoritario apoyo allí.
Marco Rubio dijo, recientemente, que “Cuba es un Estado que auspicia el terrorismo”, porque, según él, “alberga fugitivos de la justicia estadounidense”, y también “está ayudando a Corea del Norte a evadir las sanciones de armamento impuestas por las Naciones Unidas”.
“Deberían haber permanecido en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo —enfatizó—, y creo que esto envía un mensaje escalofriante a nuestros enemigos en el extranjero, de que esta Casa Blanca ya no se toma con seriedad el hecho de llamar al terrorismo por su nombre”.
Esto último es verdad: el gobierno de los Estados Unidos nunca se ha tomado con seriedad la identificación de terroristas como Luis Posada Carriles, un amigo de Marco que todo el mundo sabe, y él mismo ha confesado, es el autor intelectual del peor acto terrorista contra la aviación civil en América, y culpable de muchos crímenes más.
Misión imposible la de Rubio, pues la salida de Cuba de la espuria lista, donde nunca debió estar, es ya prácticamente un hecho consumado.
El Congreso dispone de 45 días para pronunciarse acerca de la decisión del presidente, y si decide en contra, el legislativo puede presentar un proyecto de ley para tratar de revocarla.
Sin embargo, Obama vetaría ese proyecto y solo la mayoría absoluta en ambas cámaras podría imponerlo, lo cual parece muy improbable, dado el creciente interés de poderosos empresarios norteamericanos en abrirse camino hacia el mercado cubano.
La oposición de la mayoría republicana a cualquier iniciativa del presidente, por puras razones electorales, tiene un límite: el dinero, y los papeles verdes, o su representación electrónica, son los que mandan en ese país.
Además, en el propio Congreso, hay numerosos legisladores decentes, que están en contra de la criminal política de agresiones a Cuba, y otros, ideológicamente enemigos de la Revolución, pero pragmáticos, quienes defienden sus propios intereses y los de poderosos empresarios que financian sus campañas.
De igual forma, están los enemigos acérrimos de Cuba, como el presidente de la Cámara Baja, el republicano John Boehner, quien confía en que el Congreso intente frenar algunas de las medidas que está tomando el presidente estadounidense, Barack Obama, con respecto a la Mayor de las Antillas, mediante impedimentas al financiamiento de la implementación de esas decisiones.
Boehner lamentó, en una entrevista con la cadena de televisión Fox News, la decisión de Obama de retirar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, y dijo que “el presidente sigue dando, dando y dando, y yo quiero ver lo que los hermanos Castro están dando. Ellos no han hecho nada”. Parece que él cree que la Isla también elabora listas e incluye a los Estados Unidos.
Marco Rubio tiene otros importantes factores en contra, como son su amistad y enfermiza coincidencia ideológica con Robert “Bob” Menéndez, actualmente envuelto en un sonado escándalo de corrupción, fraude, tráfico de influencias y hasta etcétera, como gusta decir cierto humorista cubano.
A “Bob” se lo lleva la corriente, no tanto por los delitos cometidos, que eran conocidos desde hace tiempo, sino por haberse convertido en un molesto obstáculo para la política del presidente Obama, lo cual parece ser el motivo de que le hayan “descubierto” los trapos sucios.
Y su caída debe arrastrar a Rubio o, por lo menos, “arañarle la pintura”, como decimos los cubanos, de modo que lo aleje, un poco más, de sus aspiraciones presidenciales.
Por último, sin pretender agotar el tema, el extenso abanico republicano, desde posiciones cercanas al centro, hasta el extremo fundamentalismo del Tea Party, está condicionando una división interna que generará, seguramente, numerosos aspirantes a la candidatura, entre los cuales, dadas las cualidades ya descritas, Marco Rubio no tendrá protagonismo para convertirse en aglutinador del voto partidario.
Uno a uno, los principales enemigos de la reconciliación y la convivencia civilizada entre Cuba y los Estados Unidos seguirán cayendo, y Marco Rubio será, como dice la popular canción, “otro que muerde el polvo”.

