VII Cumbre de Las Américas: no hay que ser adivino

(Foto: www.ntn24.com)

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El plan era muy inteligente: conquistar a los cubanos y confundir a las fuerzas revolucionarias del mundo con rimbombantes promesas de una nueva relación con Cuba, para aislar a Venezuela y completar el plan demoledor contra la Revolución Bolivariana.

De paso, apuntalar el maltrecho Sistema Interamericano, aprovechando la ya inevitable presencia cubana en la VII Cumbre de las Américas, y presentarse como el protagonista de una nueva y prometedora relación con el resto del continente.

Pero, otra vez, el tiro les salió por la culata, pues, como de costumbre, los estrategas de la Casa Blanca se quisieron valer de recursos obsoletos: la manida combinación del palo y la zanahoria.

Si alguna vez muchos gobiernos de América Latina (nunca los pueblos), se dejaron atraer por el olor de la zanahoria inalcanzable, ahora son otros los gobiernos que abundan en Nuestra América. Por supuesto, ni que soñar siquiera que haya zanahorias atractivas para Cuba.

Si antaño fue efectivo el sangriento palo imperial, ya es muy difícil golpear a los pueblos de esta región, pues han aprendido a defenderse y están dispuestos para ello.

No hay que insistir en que Venezuela nunca ha sido una amenaza para los Estados Unidos ni para nadie, y ahora es un pilar continental de la solidaridad, la convivencia pacífica y la colaboración.

El absurdo, pero peligrosísimo decreto imperial contra Venezuela, fue un exabrupto del gobierno norteamericano, motivado por el fracaso del plan desestabilizador que había urdido contra la Revolución Bolivariana, y que fue frustrado cuando quedó al descubierto y abortado el golpe que coronaría el proyecto.

La Casa Blanca negó que fuera una declaración de guerra, y no lo fue, oficialmente; pero la Historia ha demostrado que, cuando los Estados Unidos invocan supuestas amenazas a su seguridad nacional, están firmando una patente de corso para la intervención armada.

Y quien piense que los yanquis no lanzarían una agresión armada contra Venezuela, debería saber que los Estados Unidos han estado en guerra durante 222 de sus 239 años de existencia; y que no han tenido una década de paz. Eso, sin que ningún otro país haya jamás atacado a esa nación.

Por eso, es abrumadora la condena continental al decreto de Barack Obama, y no hace falta una bola de cristal para saber lo que ocurrirá en la VII Cumbre de las Américas: será lo más parecido a un tribunal, y el presidente norteamericano estará en el banquillo de los acusados.

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