A pesar de los cada vez más crecientes esfuerzos de la comunidad internacional, el problema mundial de las drogas sigue poniendo en grave peligro la salud, la seguridad pública y el bienestar de la humanidad, en particular de los niños, adolescentes jóvenes. Además, las drogas amenazan la seguridad nacional así como la soberanía de los estados y socavaban la estabilidad socioeconómica y política, así como el desarrollo sostenible.
Este es el motivo por el cual cada 26 de junio se dedica a conmemorar con mayor énfasis el Día Internacional de la Lucha Contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, establecido por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (Onu) en 1987.
Aunque la alerta de la sociedad en su conjunto debe mantenerse siempre, esta efeméride sirve para recordar el objetivo convenido por los estados miembros de la Onu, de crear una sociedad internacional en la que no se usen indebidamente las drogas.
Entre los públicos principales a los que van dirigidas las campañas sobre el tema están los padres y familias, porque los padres juegan un papel fundamental en la introducción de los niños al alcohol, y el consumo de esta sustancia en los adolescentes está significativamente relacionado con el consumo de los otros miembros de su familia, y con la utilización por parte de los padres de estrategias educativas basadas principalmente en la reprobación y en la ausencia de comprensión y afecto.
Sin dudas, la familia es uno de los contextos educativos, socializadores y de transmisión de valores más importantes para el ser humano en su formación. De ahí, la necesidad de mantener la conexión con los hijos, especialmente en esa edad que es la adolescencia. En el caso de Cuba estos se han identificado junto a los jóvenes, como los más vulnerables frente al consumo de drogas ilícitas, una tercera parte de ellas, según los más recientes estudios, relacionados fundamentalmente con el consumo de alcohol.


