
La sociedad reproduce los usos y costumbres que marcan la moda para la aceptación y satisfacción personal. Foto: Lisandra Chaveco
Lucir una figura sensual y estilizada constituye una aspiración frecuente entre mujeres y hombres. Sin embargo, las dimensiones corporales de la mujer han sido valoradas de maneras diferentes en cada época de la historia del mundo occidental.
En la década de los 50 del pasado siglo, surgió el modelo de la actriz norteamericana Grace Kelly, tendiente a lo rectilíneo, a la delgadez extrema, y hacia los 60, se dio el fenómeno Twiggy, encarnado por una chica inglesa francamente esquelética, que se introdujo como un ciclón en el mundo de la moda de América y Europa.
Pero tras casi media centuria de existencia, el paradigma subsiste, y con él, la búsqueda obsesiva por alcanzar una imagen estilizada. La población agota fórmulas y dietas hasta llegar, en el peor de los casos, a crear una fobia crónica al aumento de peso, padecimiento reconocido por la comunidad científica internacional con el nombre de Anorexia Nerviosa.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad es alarmante el ascenso del número de enfermos en los países desarrollados. Aproximadamente una de cada 200 muchachas entre 12 y 14 años padece la enfermedad, y aunque las jóvenes entre 14 y 18 años constituyen el referente más perjudicado, los varones, las mujeres maduras y los niños/as menores de 12 años comienzan a agregarse a la lista de víctimas de ese padecimiento.
La palabra anorexia era utilizada por los médicos hace algunos años como sinónimo de falta de apetito y ciertos problemas del estómago. No obstante, al agregarle el “apellido” nerviosa, se convierte en un trastorno del comportamiento alimentario que se caracteriza por una pérdida significativa del peso corporal, producido normalmente por la decisión voluntaria de adelgazar, aclara Juan de Dios Cárdenas Borrego, licenciado en Psicología del Hospital General Calixto García.
Para lograrlo, los enfermos suprimen el consumo de alimentos, especialmente “los que engordan” y con cierta frecuencia recurren a los vómitos, el uso indebido de laxantes, el ejercicio físico exagerado y al consumo de diuréticos.
Después de dar seguimiento a cuatro jóvenes anoréxicas, Jesús Efraín Ajuria Lauzurique, jefe del Grupo Provincial de Psicología en La Habana, refiere que las manifestaciones se inician generalmente con una dieta restrictiva, los futuros pacientes limitan y suprimen los hidratos de carbono mediante la reducción o eliminación de grasas hasta llegar a la disminución del consumo proteico.
“Las conductas son extravagantes, raras y compulsivas. Las enfermas vinculan todo lo relacionado con la alimentación y el peso mediante conversaciones y lecturas cotidianas. Se interesan por las mil y una dietas posibles, por el uso de cremas, coleccionan libros, recetas. Emprenden la práctica de la actividad física de manera obsesiva y caminan varios kilómetros al día, estudian paseando o de pie, hacen abdominales para realizar un mayor gasto calórico, e incluso, deciden dormir menos para consumir mayor cantidad de energía. También presentan ciclos depresivos (tristeza, llanto frecuente, insomnio), siempre en relación con la aspiración de adelgazar”.
Un canal importante y de influencia efectiva en el establecimiento de los modelos estéticos y sus fieles aliados, los trastornos de la alimentación, son los medios de comunicación, pues se vive en una sociedad donde televisión, prensa y radio, bombardean continuamente a los ciudadanos con múltiples mensajes, y aunque en el caso de Cuba no es excesivamente grotesco, la cinematografía estadounidense y mexicana, muy consumida por el público y donde una cara bonita lo es todo, marca pautas.
María Matilde Socarrás Suárez, especialista en Nutrición en el Hospital General Calixto García, comenta que el cine, la fotografía, y los reportajes sobre métodos de adelgazamiento, contribuyen a determinar el estado de opinión y la evaluación corporal. Esta, por tanto, queda atada a una publicidad comercial, incorpora el estereotipo estético, lo concreta y potencia.
Los trastornos del comportamiento alimentario en la sociedad actual se han convertido en un valor medular de la cultura cubana, constituyendo un serio riesgo para la salud. Se vive y comparte el sentimiento de que la delgadez corporal representa belleza, elegancia, prestigio, juventud y aceptación social.
La sociedad reproduce los usos y costumbres que marcan la moda para la aceptación y satisfacción personal; y se emprende entonces la búsqueda de la silueta perfecta, recurriendo a todo tipo de procedimientos: intervenciones quirúrgicas, estéticas y plásticas: silicona, liposucciones y lipoesculturas, trasplante de órganos, prótesis de todo tipo, sin meditar si quiera en los posibles riesgos para la salud.

