
El asma bronquial es conocida como la enfermedad crónica más frecuente de la infancia. Foto: www.saludalia.com
El asma es una Enfermedad Inflamatoria Crónica de las vías respiratorias que evoluciona por crisis y se caracteriza por presentar dificultad respiratoria, tos y disnea. Es conocida como la enfermedad crónica más frecuente de la infancia, de hecho en un 80 por ciento tiene sus inicios en edades pediátricas aunque puede ponerse en evidencia a cualquier edad.
Esta afección puede ser desencadenada por diversos factores como las infecciones respiratorias virales y la exposición a los alergenos (ácaros del polvo, alergenos de animales, polen, hongos, humo, cucarachas, la dieta, la vivienda, los cambios climáticos, la contaminación ambiental, los factores emocionales o las combinaciones de algunos de estos).
Actualmente todas las guías o protocolos de tratamiento de asma ayudan a lograr el control de esta patología siendo la piedra angular del tratamiento las medidas farmacológicas que se toman durante el período intercrisis y la educación sobre la enfermedad que reciben el paciente y los familiares. El cumplimiento adecuado de estas logra que los pacientes evolucionen con crisis menos graves y cada vez más espaciadas.
Todo asmático debe conocer cuáles son los detonantes de su enfermedad para así evitar aquellos factores que puedan ser controlados. La familia tiene que recibir información adecuada sobre la patología conociendo los eventos clínicos y cooperando con el tratamiento. Los síntomas prodrómicos como la secreción o prurito nasal, estornudos, tos seca e irritación o prurito de los ojos, alertarían de los inicios de las crisis. Al comienzo de esta sintomatología suele ser muy útil sacar al niño del lugar donde comenzaron los síntomas, brindarle líquidos y utilizar el tratamiento indicado por el médico para abortar las crisis, en ocasiones el salbutamol.
El tratamiento intercrisis o de sostén es aquel que mantendrá el paciente en los períodos de calma como bien lo dice su nombre entre las crisis. Responde a las características individuales de cada paciente, su edad y a las gravedad de su sintomatología. En su conjunto comprende diferentes aspectos, la educación a la familia, la inmunoterapia, los ejercicios físicos y algunos medicamentos como antihistamínicos, antiinflamatorios de acción local y esteroides inhalados los cuales serán seleccionados por el médico.
La educación a la familia es el aspecto más importante del tratamiento al paciente asmático. Lograr que colaboren con el tratamiento y hagan al niño partícipe de este es vital para el desarrollo del mismo.
El niño asmático debe tener una vida social útil semejante a la de cualquier infante por lo que se evitará la sobre protección. Si cumplimos con las siguientes medidas ayudamos a la evolución satisfactoria de nuestros pequeños.
– Mantener la casa sin polvo. No utilizar escobas ni plumeros, debemos pasar paños húmedos y baldear las paredes y pisos al menos de forma semanal.
– No agregar ningún producto al agua que se utiliza para la limpieza.
– Forrar almohadas y colchón con nylon.
– No utilizar talcos ni perfumes en el niño o en su presencia.
– No ponerse ropa que esté guardada por mucho tiempo. La ropa de los escaparates o armarios debe sacarse y lavarse con frecuencia.
– Eliminar objetos que puedan acumular polvo, cortinas, libreros, ropas colgadas detrás de la puerta y juguetes de peluche o de trapo.
– No tener animales ni plantas dentro de la casa. Los excrementos de los ácaros que habitan en el polvo o en el pelo de los animales pueden convertirse en potentes alérgenos o sustancias desencadenantes de las crisis. Las plantas liberan dióxido de carbono durante la noche por lo que no contribuye al mejoramiento del proceso respiratorio del paciente. De igual forma el polen es un potente alérgeno.
– Evitar el hacinamiento en las habitaciones donde duermen pacientes asmáticos.
– Realizar ejercicios físicos según la tolerancia del paciente a estos. Con frecuencia se utilizan deportes como la natación para mejorar su capacidad ventilatoria.
