
Donar sangre es salvar vidas. Foto: Periódico 5 de Septiembre.
Cuando Rubén Pérez, miembro del secretariado nacional cederista en 2002, me encomendó escribir un libro sobre las donaciones de sangre, estaba lanzando un reto difícil. Este redactor estaba muy lejos del saber histórico y científico sobre el tema. Solo lo conocía por la experiencia de ofrecer mi sangre unas veinte veces.
Acerca de este tópico, expresó Fidel Castro, líder histórico de la Revolución: “Esta es una de las tareas más hermosas, más nobles y más generosas, impulsadas por los Comités de Defensa de la Revolución”. Antes de 1959, el comercio y la venta del precioso líquido eran algo común.
Busqué, impulsado por la aventura, unas líneas que había usado para iniciar un comentario: “La sangre es vida. La mujer y el hombre primitivo, de alguna manera, lo comprendían. Al batirse en una cacería o con otra tribu, o al sufrir un accidente, veían como se escapaba aquel líquido rojo por las heridas. La debilidad cercaba y, en muchas oportunidades, el fin era inminente”.
En una entrevista realizada al laureado pugilista Kid Chocolate, con el propósito de escribir su biografía, publicada bajo el título El boxeo soy yo, comentamos sobre una pelea efectuada por el campeón mundial Barney Roos, en la que este fue muy golpeado. Al referirnos a cómo tragaba su propia sangre, toda la que podía, para evitar que le pararan la pelea, Chócolo agregó: “Y para no perder las fuerzas; estaba alimentándose”.
A batallar
Devoré muchas páginas. Leí libros, tesis, cuadernos, artículos periodísticos y conversé con muchos expertos en la materia. También entrevisté a decenas de donantes y dirigentes de esa tarea, entre funcionarios y científicos.
El magnífico apoyo de esos compañeros, encabezados por el doctor Gregorio Delgado, historiador de la salud, hizo posible que emergiera De las misiones más hermosas, un texto publicado por la Editora Pablo de la Torriente Brau, en 2002.
Resulta imposible olvidar la ayuda de los doctores José Manuel Ballester Santovenia, director del Instituto de Hematología e Inmunología, Arnaldo Castañeda Rodríguez, María Pérez —Lucy—, José Fernández Estrada y la licenciada Noelia Piferrer.
Asimismo, resalto los textos de los eminentes Sergio García Marruz y Mario del Pino de la Vega, así como la relación con las destacadas familias de donantes, entre ellas la avileña Álvarez y la santiaguera Peña Torres, con más de mil entregas voluntarias cada una en esa época. Sin ellos, mi difícil hijo no hubiera visto la luz.
No me quedé en la transfusión hecha al Papa Inocencio VIII en 1492 o en el lidiar posterior por encontrar los caminos de la verdad sobre el tema. En la etapa inicial cercaban los fracasos, pero se situaban, uno tras otros, los escalones hacia la victoria.
En el siglo XIX sobresalió el médico austriaco Karl Landsteiner (1868-1943), quien, con sus estudios posibilitó la transfusión de sangre con el mínimo de riesgo. Después avancé a la etapa actual y recorrí la historia del país acompañado por los “superconocedores”.

Cuba es un ejemplo mundial en las donaciones voluntarias de sangre. Imagen: Internet.
Como si fueran premios
La alegría mostrada por Rubén Pérez al tener el primer ejemplar en sus manos, y las palabras iniciales a cargo del doctor Ballester las sentí como dos importantes premios. Ambos ya han fallecido: el primero en 2016 y el segundo en agosto de 2017. Ambos dejaron una estela de afecto y admiración. Del aquel prólogo cito varios párrafos:
“La sangre como elemento terapéutico insustituible, se ha desarrollado progresivamente desde 1900 con el descubrimiento de los grupos sanguíneos del sistema ABO por Karl Landsteiner; del sistema RH por Levine en 1939, y de la posibilidad de utilizar anticoagulantes y bolsas plásticas, así como del fraccionamiento del plasma que permite obtener sus componentes: la albumina y las gammaglobulinas, y los factores de la coagulación VIII y IX para el tratamiento de los hemofílicos, entre otros.
“La transfusión de sangre es el trasplante de órganos más antiguo y frecuente, lo que ha permitido el desarrollo de la cirugía, los trasplantes de otros órganos como el riñón, hígado, corazón y médula ósea, y la aplicación de medicamentos muy tóxicos para el tejido hematopéyico , pero imprescindible para tratar el cáncer y lograr la curación de este terrible mal”.
Además, Ballester afirmó: “(…) no ha sido posible sustituir artificialmente sus propiedades biológicas, por lo que donación de sangre continúa siendo la principal fuente que garantiza disponer de ese vital líquido para su uso terapéutico”.
De igual modo, informó: “(…) para asegurar el uso adecuado, racional y científico de la sangre, existe en el Ministerio de Salud Pública de la República de Cuba un programa integrado por representantes de diferentes áreas del ministerio, 42 bancos de sangre, los servicios de transfusiones de los hospitales y un instituto de investigación —Instituto de Hematología e Inmunología— (…)”.
El galeno y catedrático mencionó otras instituciones y organismos importantes en esta área, tales como la Planta de Hemoderivados y los Comités de Defensa de la Revolución (CDR)”.
“Este libro es un homenaje a los miles de hombres y mujeres que de forma voluntaria y altruista donan su sangre generosamente”, acotó.
En mi caso dediqué De las misiones… a los héroes de este hermoso canto a la vida: los donantes voluntarios de sangre, pero también al doctor Gregorio Delgado por su gran apoyo y al VI Congreso de los CDR.
Ahora, cuando en la página web de la COCO regreso al tema con varios textos relacionados con este volumen nacido hace 15 años, mantengo similares homenajes en fecha cercana a un nuevo aniversario y del cónclave nacional de la mayor organización de masas del país.
