Generalmente las personas obesas tienden a decir que hasta el agua las engorda, siento en esta frase una clara justificación de que no son culpables por estar gordos.
Estas personas no tienen en cuenta que no solo es la cantidad de alimentos que ingieren, sino su forma de consumirlos.
La mayoría de ellos come de forma desmesurada, como si la comida fuera a escapárseles del plato, por lo que mastican muy poco los alimentos dando lugar a una lenta digestión, la cual puede traerles trastornos digestivos, así como permitir la acumulación de grasa en el organismo.
El sobrepeso es producto del desequilibrio entre la ingesta de calorías y el gasto energético, o sea, hemos comido demasiado pero no nos hemos movido lo suficiente; pero si aspira a un objetivo razonable no intente perder peso de golpe porque corre el riesgo de ganarlo al dejar la dieta.
Perder un kilo semanal puede ser un proyecto de adelgazamiento responsable, no hay que morir de hambre pues ayunos prolongados, además de constituir una restricción calórica demasiado fuerte, solo contribuirán a que al comer el organismo almacene mayor cantidad de grasa.
Indispensable para perder peso y no volver a recuperarlo es el ejercicio físico, muchos estudios han demostrado que las personas que se ejercitan frecuentemente, a la vez que hacen dieta, estadísticamente no recuperan nunca peso.
Lo ideal es aprender a saciar el hambre con alimentos pocos calóricos como frutas y verduras, sin suprimir el azúcar, la grasa u otros alimentos pues al retomar la alimentación normal se recuperará fácilmente el peso perdido, lo ideal es que el período de régimen ayuda a equilibrar el modelo alimenticio que mantendremos después de la dieta.
Ayuda, del mismo modo, comer lentamente, saboreando cada bocado y haciendo una pausa entre platos, dándole tiempo al organismo para darse cuenta de que está saciado; con un peso ideal no solo luciremos mejor en nuestro exterior, por dentro también estaremos más saludables y viviremos mejor.


