Crónica de lunes: ¡Gracias doctor!

Sobrados son los ejemplos de abnegación de los médicos internacionalistas cubanos. Fotos: Imfomed

Salvar vidas, aliviar el dolor a las personas, traer al mundo nuevos seres ¿qué mejor recompensa pueden tener quienes dedican sus vidas al arte de la medicina.

Más allá de la riqueza material, los médicos cubanos atesoran la riqueza espiritual de saber que cumplen con un deber sagrado, trascendiendo fronteras y tiempo, estando allí donde son más útiles, según uno de los preceptos de José Martí.

Cuba tiene el inmenso privilegio de haber acunado en su regazo al hombre cuyo natalicio puso fecha al día dedicado a homenajear a los trabajadores latinoamericanos de la salud.

Carlos Juan Finlay Barrés, quien ingresó a las páginas de la historia por haber descubierto que enfermedades tan letales como el paludismo y la fiebre amarilla eran perfectamente evitables si se eliminaba a su vector, la hembra del mosquito Aedes aegypti.

Aunque ese descubrimiento también trataron de escamotearlo los norteamericanos, la justicia se abrió paso y en marzo de 1933, durante el IV Congreso de la Asociación Médica Panamericana, se aprobó la propuesta llevada al cónclave por el médico cubano Horacio Abascal Vera de instituir el 3 de diciembre como Día de la Medicina Latinoamericana.

Hoy más que nunca tiene relevancia la fecha, cuando los especialistas cubanos que brindaban ayuda solidaria en las comunidades más pobres de Brasil tienen que dejar atrás a sus pacientes a causa de la demencial y arbitraria política de un presidente que, aún sin comenzar el ejercicio de su mandato, ya da pruebas evidentes de lo poco que le importa su pueblo.

Los ejemplos de valor y entrega de los médicos internacionalistas cubanos son abundantes e indiscutibles y su experticia innegable; ya lo demostraron en Haití durante las terribles secuelas del terremoto del 2010, entre ellas una epidemia de cólera; ya lo demostraron cuando combatieron, a riesgo de sus propias vidas, la epidemia de ébola que asoló varios países africanos; y estos son solo dos ejemplos entre otros muchos que pudieran mencionarse.

Hoy nuestros especialistas continúan brindando su aporte solidario en más de 60 naciones alrededor del mundo y son sobrados los ejemplos de abnegación que brindan día a día, como si fuera lo más natural y cotidiano que pudiera hacer cualquier trabajador.

Los avances en la salud cubana son también innegables. Ahí están, por ejemplo, las cifras de mortalidad infantil, más bajas que las de muchos países desarrollados.

Porque nuestros médicos, enfermeros y técnicos de la salud se lo merecen, celebramos este 3 de diciembre el Día de la Medicina Latinoamericana con el orgullo y la satisfacción de poder decirles: ¡Gracias!

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