La actividad física mejora la sensación de bienestar. Además, uno de los principales objetivos en un plan de ejercicios es el fortalecimiento de las funciones respiratorias y cardiacas.
Existen otros beneficios adicionales como controlar el peso corporal, desarrollar la masa muscular, aumentar la flexibilidad o mejorar la autoestima y el estado de ánimo. Y como si fuera poco, la actividad física tiende a retrasar el proceso de envejecimiento.
COMENZAR UN PROGRAMA
Cualquier plan de actividades físicas en sus inicios debe estar basado en metas reales y no demasiado altas.
El primer objetivo es motivarse a si mismo con razones de evidencias incontrastables, romper la inercia y comenzar con un programa bien orientado y adecuado a cada persona.
La actividad física debe ser sencilla y agradable al mismo tiempo de forma tal de volver apetecible su realización.
DISFRUTAR CON HACERLO
Una vez convencido de la importancia de los ejercicios físicos y de la necesidad impostergable de realizarlos debe comenzar con algo grato como es acudir a un gimnasio, unirse a un grupo de trotadores o caminar por un regocijante paisaje.
En sus inicios el tiempo empleado debe ser corto como un pequeño paseo por los alrededores de su casa o caminar hasta el trabajo aunque sea una parte del tramo.
El programa en sus comienzos debe ser tan sencillo de realizar pues no se encontrarán excusas para no realizarlo.
MEJORÍA Y MOTIVACIÓN
Al pasar los días aumentará su bienestar general y entonces ya es el momento de aumentar poco a poco la rutina de ejercicios.
Hoy debe ser más activo cuando se compara con ayer y esa debe ser la dirección correcta. Los pequeños cambios positivos son muy alentadores por pequeños que sean.
Y ese estímulo puede ser suficiente para mantener de manera permanente el entusiasmo por el ejercicio.


