
Imagen: efesalud.com
La enfermedad de Alzheimer (EA), también denominada demencia senil de tipo Alzheimer o simplemente alzhéimer, es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta mediante deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida de la memoria inmediata y de otras capacidades mentales a medida que mueren las células nerviosas (neuronas) y se atrofian diferentes zonas del cerebro.
Esta patología es la forma más común de demencia, es incurable y terminal, y aparece con mayor frecuencia en personas mayores de 65 años de edad del sexo femenino. Este cuadro clínico coloca a la población cubana, con una población femenina de cinco millones 596 mil 500 (50,1 por ciento de la población total), según datos del censo del año 2012, y una población envejecida que hace más de 36 años no se reemplaza reproductivamente, en estado de alerta.
Con más dos millones de personas en el rango de los 60 años y más (18,3 por ciento población total), la necesidad de encontrar tratamientos y vías alternativas para ralentizar la aparición de la enfermedad y lograr una mejor calidad de vida en los pacientes diagnosticados, constituye hoy una prioridad para el país.
Para Carlos Acosta, especialista en neuropsiquiatría del Instituto de Neurología de La Habana, el significativo rol que las hormonas sexuales ejercen sobre el desarrollo y funcionamiento cerebral desde las primeras etapas de vida, podría ser un punto de partida.
“En este sentido, resulta significativo el hecho de que el cerebro de la mujer post menopáusica, privado de estrógenos de forma crónica, puede ser más vulnerable y sufrir más alteraciones cognitivas conforme envejece, a diferencia del hombre que estaría más protegido por la conversión intracerebral de la testosterona en estrógenos”.
Por tanto, la administración de estrógenos vía oral en mujeres menopáusicas constituye una posibilidad para retrasar la aparición de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de las pacientes, precisó Acosta.
Otra de las prácticas recomendadas en estos casos está relacionada con el fomento de la actividad intelectual. Miles de estudios científicos han demostrado la importancia de la educación y la potenciación de habilidades y conocimientos para un óptimo desarrollo y evolución del cerebro humano desde las primeras etapas de la vida.
De acuerdo con el doctor Acosta, la actividad cerebral constituye un factor protector en edades avanzadas, pues los niveles educacionales altos y el incremento de esta actividad en la vejez se correlacionan en el anciano con una independencia funcional y mejor capacidad en la ejecución de las pruebas cognitivas. Esto demuestra a su vez, que es una suposición popular errada el hecho de que el cerebro es un órgano inerte y poco cambiante, durante la vejez.

