Los congeladores o freezers son utilizados para almacenar los alimentos y otros productos por largos períodos en estado de congelación y a una temperatura de régimen establecida que ayude a cesar la actividad enzimática propia de todo alimento y evitar así su descomposición o alteración en sus propiedades organolépticas.
Este tipo de equipo se utiliza tanto en los hogares como en los comercios, los de uso doméstico pueden ser parte de un refrigerador, y compartir el mismo sistema frigorífico, o ser unidades independientes en la mayoría tipo cofres.
Para ganar tiempo o no desperdiciar la comida, el freezer es un gran aliado de la cocina. Nada mejor que tener congelados algunos alimentos o platos ya preparados, listos para darles un golpe de calor y llevar a la mesa. Pero no todos soportan el proceso de congelado, ya que pueden tomar un feo sabor o textura.
Por ejemplo, la mayonesa no es muy amiga del freezer, pues al descongelarla tiende a formar una masa sólida que no tiene gusto ni textura. Lo mismo ocurre con los huevos, que conviene conservar en el refrigerador.
En el caso de frutas y verduras, las que tienen mucha agua en su composición, como la lechuga, el tomate y la sandía, forman grandes cristales de hielo en su interior al congelarse. Esto puede afectar su textura y estructura original porque se rompen las paredes de sus células. Por eso el frío les puede dar un aspecto desagradable y un sabor distinto al original.
El yogur, la crema agria y la leche cambian su textura cuando se conservan en el freezer. La parte más grasa se conserva por un lado y la parte más acuosa por el otro. Sin embargo, una vez descongelados estos productos, se pueden revolver con una cuchara y homogeneizar.
Por su parte, los budines, panes y galletas se mantienen en perfectas condiciones en el freezer, y si se les da un golpecito de calor antes de consumirlos quedan como recién hechos. Pero es importante conservarlos en recipientes o bolsas herméticos.
Igual pasa con las sopas cremosas y salsas que se descongelan fácilmente sin perder sus propiedades, aunque conviene controlar la cantidad de sal que se les añade, puesto que el frío concentra los sabores. Mejor guardarlas más bien sosas, y corregir la sazón al calentarlas.
Es importante tener en cuenta que al congelar líquidos o alimentos con salsa aumentan de volumen; por eso no se deben llenar los recipientes hasta el borde para evitar que se derrame el contenido. Asimismo, conviene etiquetar los alimentos, debido a que muchos toman el mismo aspecto y no se puede saber qué es cada cosa.


