
La lucha contra la tuberculosis no puede dejar a nadie de lado. (Foto: vozbayatabominas.wordpress.com)
En Cuba la tuberculosis no es un problema de salud, pero en el mundo nueve millones de personas la contraen cada año y una tercera parte de esta cifra no accede a los servicios que necesita, razón por la cual anualmente dos millones de seres humanos mueren.
El ¿por qué? Fundamentalmente a causa de la pobreza, pues la gran mayoría de estos pacientes vive en las comunidades más pobres y vulnerables del mundo; ellos son entre otros: los migrantes, los mineros, los consumidores de drogas y trabajadores del sexo.
En la mayor de las Antillas se tiene el privilegio de contar con servicios de salud gratuitos, que alcanzan a toda la sociedad y un Programa de Control de la Tuberculosis que no excluye a nadie, todo lo contrario, sus éxitos se revierten en seguridad para la población frente a la enfermedad, aunque no se baja la guardia en la constante educación y atención a los grupos que pueden ser más vulnerables de contraerla.
El médico de familia orienta en la comunidad “que para la tuberculosis constituyen riesgos: el contacto estrecho con un enfermo que la padezca, el alcoholismo, el VIH, el hábito de fumar, la nutrición inadecuada y el hacinamiento, entre otros”, de manera que el país no está desarmado frente a la trasmisión.
Eso sí todos deben saber y multiplicar el conocimiento entre quienes los rodean, saber que si se padece tos, fiebre y expectoración por más de tres semanas hay que acudir a una institución de salud, para descartar esta posible afección.
La tuberculosis es curable y en el mundo podría exterminarse este mal, si en todos los Estados y, de manera especial, en las zonas más afectadas por la enfermedad, hubiera voluntad política para encontrar, tratar y curar a esos pacientes que se contagian cada año y que no tienen acceso a los servicios de salud; sería la mejor medida para que se aceleren los progresos y para acabar de una vez con las muertes, las infecciones, el sufrimiento y la estigmatización por causa de este flagelo, que dicho sea de paso, provoca la muerte de más mujeres en el mundo, que las causas maternas.
La lucha contra la tuberculosis no puede dejar a nadie de lado, porque los esfuerzos para enfrentarla nunca serían satisfactorios, si todos y todas, no participan de manera consciente en el reto que impone.
