Hábito saludable y bebida medicinal

Foto: Internet

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Numerosas investigaciones científicas recomiendan la ingestión moderada de vino tinto por sus efectos como estimulante del apetito, fuente de vitaminas, minerales y de energía perfecta, fácilmente asimilable por el organismo humano.

Aunque es imprescindible equilibrar cada día la dosis para no caer en excesos, un estudio del doctor Henry Ott, del Hospital de la Chaux-de-Fonds (Suiza) precisa que una dosis igual o inferior a 60 gramos de vino al día en los hombres, e igual o inferior a 40 gramos de vino al día en las mujeres, no determina ninguna acción nociva al sistema nervioso.

Por el contrario, las comprobaciones rigurosamente controladas en sondeos de laboratorio y mediante encefalogramas, corroboran las cualidades del vino en la excitación del hipotálamo y la consecuente reducción de tensiones emocionales en las personas, muy diferente a la reacción producida por los alcoholes fuertes.

La reputación secular de las diferentes variedades de vino llega a nuestros días como bebida higiénica, saludable por excelencia, nutritiva por la presencia de varias vitaminas del complejo B (biotina, colina, cianocobalamina, ácido fólico, inositol, ácido nicotínico, ácido pantoténico, piridoxina, riboflavina y tiamina); vitaminas A y C (ácido ascórbico), además de contener pequeñas cantidades de hierro, indicado en caso de anemias.

De acuerdo a información recogida en el libro Viñas y Vinos, de su autor el enólogo y viticultor Miguel A. Torres, de España, el vino tiene el grado de acidez (pH) más cercano al del jugo gástrico que ninguna otra bebida natural, de ahí su excelencia para acompañar alimentos y su contenido en tanino y propiedades antisépticas lo hacen óptimo en el tratamiento del cólico intestinal, diarreas y otras enfermedades infecciosas del aparato digestivo.

De esta forma es aconsejable tomar de un cuarto a tres cuartos de vino al día, dependiendo de las actividades de los adultos sin trastornos de salud, siempre y cuando no sea una persona de vida sedentaria.

Así la correcta información de cómo y cuando es oportuno beber una copa, puede ser un acto cultural unido a la buena cocina y con moderación puede ser saludable por su efecto tranquilizante, inclusive, en el tratamiento geriátrico y contra el insomnio, además de multiplicar en los ancianos los efectos nutritivos, capacidad de estimular el apetito y favorecer la digestión.

Durante el siglo XIII fue recomendado el uso del vino y del brandy en el control de las enfermedades del corazón y las arterias, mientras los contemporáneos afirman que igualmente protege contra el cáncer, debido a la actividad antitumoral del tanino del vino, sobre todo del tinto.

Asimismo desde los orígenes de la humanidad civilizada, los egipcios, griegos y romanos potenciaron la alquimia de su farmacopea sobre el fundamento hasta hoy vigente que permite apostar sin duda alguna por las virtudes medicinales del vino.

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