La cerveza ¿ángel o demonio?

Diseño: Gilberto González García

Diseño: Gilberto González García

“La cerveza es la prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices”, pronunció en cierta ocasión Benjamin Franklin, reconocido por haber sido uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos y por sus aportes a la ciencia, entre ellos el pararrayos.

Lo cierto es que la cerveza es una de las bebidas espirituosas más antiguas que la humanidad conoce y ha servido como complemento de la dieta en muchas épocas y regiones del mundo.

Antes de que se inventara la refrigeración la cerveza se consumía a temperatura ambiente, lo que no era mucho problema en latitudes de climas fríos, pero incluso en esos lugares solía calentarse antes de beberla para conferir calor al cuerpo.

A los cubanos nos gusta bien fría, casi al punto de congelación, que casi nos haga una criocirugía en la garganta. Mucho más en la estación estival en que el calor nos exprime en forma de sudor hasta la última gota de humedad del cuerpo.

La cerveza, como cualquier otra bebida alcohólica puede causar perjuicios a la sociedad cuando las personas irresponsables actúan embriagados por sus efectos, sobre todo cuando conducen vehículos.

También puede perjudicar la salud si se consume en exceso y con demasiada frecuencia, como ocurre con el resto de los productos que contienen alcohol, además de que se le atribuyen las propiedades de elevar el peso corporal y la tensión arterial.

Pero esta bebida espumeante está entre las pocas a las que se le reconocen abundantes ventajas para la salud humana si se consume con moderación.

Se sabe que la cerveza es diurética y también se le atribuyen propiedades antiinflamatorias, además de que se sabe que aporta el llamado “colesterol bueno”, con lo que ayuda a proteger al organismo de las enfermedades relacionadas con la circulación sanguínea.

Investigadores afirman su consumo mejora al sistema óseo pues aporta silicio, un mineral que ayuda a mejorar la densidad de los huesos y evita la pérdida de masa ósea. Además, provee al cuerpo de fitoestrógenos naturales que contribuyen a la prevención de la osteoporosis y alivian los síntomas de la menopausia.

También aseguran los especialistas que quienes beben cerveza con moderación tienen menos posibilidad de padecer enfermedades neurodegenerativas, como la de Alzheimer, a causa de su contenido de silicio que tiene la capacidad para reducir los metales tóxicos que se acumulan en el organismo.

Al lúpulo, que es uno de los ingredientes principales de la cerveza, se le atribuyen propiedades antiinflamatorias y también antibacterianas, por lo cual ayuda a prevenir las enfermedades que se relacionan al envejecimiento.

La cerveza aumenta la cantidad de ácidos gástricos y esto sirve para acelerar el vaciado del estómago, mejorando la digestión y reduciendo la acción de la bacteria Helicobacter pylori, causante de la úlcera gastroduodenal.

Otra de las sustancias que abundan en el espumoso elixir es la vitamina B, aportadora de energía, y también se asegura que es rica en fibra soluble proveniente de la cebada, otro de sus ingredientes fundamentales.

En la historia de la cerveza hay muchos episodios interesantes, por ejemplo, se asevera que salvó a muchas personas de morir a causa de la epidemia de cólera que azotó a Europa en el siglo XIX por una razón muy sencilla: en su proceso se requiere cocción, lo que mata los agentes patógenos, por lo que quienes bebían cerveza en lugar de agua estaban a salvo de la terrible enfermedad.

Usted, estimado ciberlector, ya lo sabe: una cervecita al día puede ser beneficiosa a su salud si no padece enfermedades que le impidan su ingestión.

Solo recuerde que ingerir bebidas frías acompañando las comidas o inmediatamente después de éstas puede dificultar la digestión y, por favor, si va a sentarse tras el volante, deje la cerveza para más tarde.

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