Considerado por no pocos como uno de los principales desafíos para los sistemas sanitarios, la muerte súbita cobra en el mundo más de 10 millones de muertes cada año según expertos en el tema.
Se denomina muerte súbita a un episodio en el cual la persona afectada pierde el pulso, la respiración, la conciencia de una forma repentina e inesperada, originado por causa natural, es decir sin que participen mecanismos violentos (homicidio, suicidio, intoxicación, trauma), y del cual solo podría recuperarse si se efectúan maniobras médicas adecuadas.
Estos casos suelen ocurrir en personas mayores expuestas a factores de riesgo cardiovasculares tales como hipertensión arterial, obesidad, diabetes y tabaquismo, así como en personas jóvenes y deportistas.
Los episodios de muerte súbita suelen tener una enfermedad cardiovascular previa, lo cual no significa que esté asociado a los ataques del corazón como suele confundirse.
Antes del evento la persona puede quejarse de mareos, palpitaciones, frialdad, ansiedad, sudoración profusa, seguida de perdida del conocimiento, parada respiratoria, ausencia de pulsos y la muerte si no recibe atención adecuada.
La también denominada parada cardiaca, como sinónimo para definir la ocurrencia de este suceso inesperado, es más frecuente a partir de los 50 años, aunque puede producirse en cualquier edad.

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