La Ruda, dentro de los rituales ancestrales, era considerada el símbolo de la pureza, por lo que los participantes solían beber infusiones de la misma para “limpiar” su interior espiritual.
Pero no sólo se emplea para purificar la mente y alcanzar la clarividencia, también pueden quemarse unos ramitos dentro de la casa, que además de servir como aromatizante, sirven para ahuyentar los posibles maleficios y presencias invisibles.
No en vano, se la conoce en distintos círculos como la planta del “perdón”, una forma natural de disculparse y afrontar los sentimientos con positividad, relegando al olvido las posibles rencillas.
Dentro de las aplicaciones medicinales la fitoterapia se ha hecho eco de las propiedades de la Ruda y apunta de ella su capacidad para mitigar la ansiedad y los estados de nervios.
De igual forma, se puede encontrar en esta planta un buen aliado si se bebe como infusión para las digestiones pesadas. Igualmente, destaca su poder contra las hemorragias, pues sirve de freno en sangrados oculares y nasales gracias al fortalecimiento de las paredes de los vasos sanguíneos.
Puede utilizarse como cataplasma en los abcesos y quistes, así como remedio para las cefaleas.
Se deben extremar las precauciones cuando se trata de sangrados provenientes del período menstrual ya que, si bien favorece la llegada de la misma y alivia los dolores, puede peligrar la salud del feto en el caso de que el retraso tenga como causa un embarazo.
Tampoco se recomienda su posología en pacientes que sufren del riñón. Otras de las consecuencias negativas que acarrea el uso incorrecto de la Ruda son diarreas, vómitos y pigmentación de la piel por efecto de la luz.
Si bien es una planta con reconocidas propiedades beneficiosas, también hay que ser cauteloso en su uso medicinal.


