La vejez no es sinónimo de enfermedad

Nunca es tarde para estudiar.

Nunca es tarde para estudiar.

Muchas personas se limitan a realizar diferentes actividades por considerarse viejos para esto o lo otro y en ocasiones sienten enfermedades imaginarias, que cuando son examinados por un facultativo se puede comprobar que no son reales.

Con bastante frecuencia solemos relacionar el hecho de estar viejos con el de estar enfermos y si bien es cierto que los mayores deterioros físicos, mentales y enfermedades suelen padecerse entre las personas de la tercera edad, también lo es que la edad no es determinante para que se produzcan.  Enfermedad y disminución de las facultades no son lo mismo, aunque ambas implican un deterioro de la salud.

Cuando llegamos a la vejez es normal que nuestro cuerpo haya sufrido determinado desgaste y deterioro a lo largo de toda la vida y puede verse afectado por alguna o varias enfermedades. Aunque muchas personas pasan esta etapa de sus vidas gozando de buena salud. Es cierto que las personas mayores son más vulnerables a padecer hipertensión, artritis, reumatismo, enfermedades pulmonares crónicas y cardiovasculares, diferentes tipos de cáncer, Alzheimer y demencias seniles, pero las principales causas del deterioro de la salud de la gente mayor tiene su origen en una dieta inadecuada  y en la falta de actividades físicas.

En diversos estudios realizados no se han encontrado diferencias en los niveles de glóbulos blancos, hemoglobina, azúcar en sangre, colesterol o en el tipo de funcionamiento elector del cerebro entre personas más jóvenes y otras mayores de edad. También se ha obtenido semejantes resultados en la presión arterial, el aprovechamiento del oxígeno y en el flujo de la sangre en el tejido cerebral.

En las frecuencias máximas de las ondas cerebrales sí se encontraron diferencias, ya que en los ancianos son más lentas y se relacionan con su cambio de pensamiento y comportamiento. Por otra parte, hay muchas enfermedades crónicas que se empiezan a desarrollar en nuestro cuerpo cuando somos jóvenes por los hábitos y el estilo de vida que llevamos, que se manifiesta cuando llegamos a la edad adulta y con mayor probabilidad cuando somos ancianos.

Si vivimos solos, nada mejor que tener la compañía de una mascota, ya sea perro, gato o cualquier otro animal. El beneficio que nos aporta es tanto anímico como físico, y por ello mejora nuestra salud. La presencia de un perro, por ejemplo, nos ayuda a mantener un corazón más sano y reduce el riesgo de vernos afectados por alguna enfermedad al corazón ya que mejora su ritmo cardiaco. El corazón de una persona que cuenta con la compañía de una mascota tiene la posibilidad de latir más rápidamente frente a la que vive en estado de soledad.

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