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En el mundo, las drogodependencias constituyen un grave problema de salud del que no escapa prácticamente ningún país y que afecta a millones de personas sin distinción de sexo, credo o cultura.
De acuerdo con diversas investigaciones, Cuba no es ajena a esta problemática. Más del 45 por ciento de la población mayor de 15 años consume bebidas alcohólicas u otras drogas, y varios sondeos sugieren que las mujeres dependientes de sustancias casi igualan en proporción a sus homólogos varones.
Varios años atrás se hablaba de una mujer por cada 10 hombres adictos, pero en la actualidad la tendencia es de seis mujeres por cada 10 varones, situación que complejiza el escenario, si se tiene en cuenta que ellas son más vulnerables, reconocen especialistas.
Para la doctora del Hospital Psiquiátrico de La Habana, Cristina Elena González de Armas, este es un tema al que debe prestársele mayor atención, porque a pesar de que se han dado cambios en la percepción social sobre las adicciones, en el caso de las mujeres aún priman los prejuicios y estereotipos moralistas.
Es por eso que cuando una mujer adicta demanda ayuda especializada, debe superar disímiles dificultades y situaciones de discriminación, a diferencia de los hombres, debido a que la sociedad es más tolerante con ellos y la mayor parte de los servicios están orientados, sobre todo, al género masculino, afirma la experta.
En consulta
Un estudio realizado por González y varios colegas a un grupo de mujeres con antecedentes de abuso de sustancias, hospitalizadas en el Centro Psiquiátrico Gali García, pone en evidencia consecuencias y factores desencadenantes de la adicción femenina.
Según refiere la psiquiatra, los factores más frecuentes asociados al consumo de sustancias son los problemas sexuales, la desestructuración familiar, la violencia, problemas de autoestima y los grupos sociales de pertenencia.
Asimismo, el sondeo revela como el prejuicio social influye en el acceso tardío de estas a tratamientos e instituciones especializadas, lo que conlleva un mayor deterioro de su estado mental y físico.
“Las personas drogodependientes poseen un mayor riesgo de padecer otro trastorno psiquiátrico y este aumenta cuando no se recibe la atención especializada con inmediatez”, aclara González.
En este sentido, la dependencia a sustancias puede desencadenar cualquier patología psiquiátrica, sin embargo, las que se observan con mayor frecuencia son los trastornos de personalidad, los trastornos depresivos y los trastornos de ansiedad, precisó.
De acuerdo con la facultativa, las manifestaciones clínicas más comunes encontradas en las pacientes estudiadas fueron la alteración de la capacidad de abstención al consumo, su uso persistente a pesar del daño físico o mental y los trastornos depresivos y de ansiedad.
La investigación describe, además, otras manifestaciones asociadas al cuadro depresivo existente en la mayor parte de las pacientes, como la existencia de limitaciones para afrontar y dar solución a complicaciones u obstáculos y serios problemas de autoestima que impiden una actuación adecuada.
De igual forma, con frecuencia se presentaron distorsiones cognitivas, bajo nivel de energía, pobre motivación, deterioro en el funcionamiento social y laboral e intento de uso de la sustancia psicoactiva como automedicación para su depresión, agregó.
Razones para no abrirle las puertas
Datos de la Organización Mundial de la Salud aluden al abuso y dependencia de drogas legales (alcohol, tabaco, infusiones), de prescripción médica (fármacos) e ilegales (marihuana, anfetaminas, cocaína y opiáceos) como las desencadenantes del 12,4 por ciento de los fallecimientos por cualquier enfermedad y el 8,9 por ciento del total de los años perdidos por discapacidad.
El mismo estudio señala el consumo de alcohol como la sustancia adictiva más difundida, con un 50 por ciento del total de drogas consumidas a nivel mundial y responsable de unas 200 mil muertes anuales.
La dependencia al alcohol fue también la tendencia predominante entre el grupo de mujeres estudiadas en la clínica capitalina Gali García. “Y es que el alcohol es una droga legal y la más asequible para la población en nuestro país en términos económicos”, argumenta la doctora González.
“Del total de pacientes, el 61,9 por ciento tuvieron diagnóstico de dependencia alcohólica, en menor medida fueron adictas a drogas de prescripción y una ínfima parte presentó adicción a otras drogas”, acotó.
No obstante, según la especialista, aunque el rango de edad predominante en el total de enfermas estudiadas fue de 41-50 años, en el grupo de las pacientes con dependencia a otras drogas, la edad promedio fue 19-30 años, siendo el crack la más consumida.
A su juicio, esta situación llama significativamente la atención, dado que se trata de un grupo de mujeres que se encuentran en la etapa plena de la vida, donde la salud sexual y reproductiva y la constitución de la familia, entre otros factores socioculturales, se ven seriamente amenazados por el consumo de drogas.
Por otra parte, González resaltó la ausencia de vínculos matrimoniales y laborales en el grupo de pacientes objeto de estudio, como evidencia de la marcada inestabilidad que genera el uso de sustancias en las relaciones de pareja, siendo además uno de los principales factores del maltrato, la violencia intrafamiliar y el consiguiente divorcio o separación.
