Con la aparición y progresivo auge de las nuevas tecnologías las personas han cambiado su manera de comunicarse con el mundo, al punto para muchos de no poder prescindir de estas.
Surge así una nueva expresión de un viejo fenómeno: la adicción; en este caso a la telefonía móvil, los videojuegos, computadoras, internet, redes sociales, etcétera, provocando cambios drásticos en la rutina de socialización de los afectados.
Pero dichas tecnologías no generan, por sí mismas, la adicción. Son las personas con determinados problemas previos las que más recurren a ellas utilizándolas indebidamente.
Según expertos el uso excesivo de las nuevas tecnologías en una primera fase resultan placenteras para el sujeto pero lo preocupante es cuando este no puede controlarlas, como sucede con otras adicciones la persona afectada accederá a ellas más que en búsqueda de gratificación por reducir el nivel de ansiedad que les produce el hecho de no hacerlo.
Este tipo de adicción es considerada por los especialistas de carácter psicológico y el riesgo a sufrirla se relaciona directamente con el número de horas que se dedican cada día a su uso.
¿Cuándo debemos preocuparnos? Primero cuando el vínculo con alguna de estas nuevas tecnologías pasa a ser el centro prioritario para la persona. Todo lo demás pasa a segundo término, incluso actividades que antes eran placenteras como salir con los amigos.
Igualmente, si se confirma un aislamiento del resto de la familia. Si las personas pasan horas encerradas en su habitación y les cuesta respetar incluso los horarios de comida o sueño; se vuelven hurañas e irascibles. Discuten fácilmente y no atienden a razones.
Sin dudas las nuevas tecnologías han abierto un campo de amplísimas posibilidades a todos los niveles, la mayoría positivas. Sin embargo, entrañan asimismo riesgos pero el problema no reside en la tecnología, sino, como ocurre en otros casos, en el uso que hacen las personas de ella.


