Lo que debe saber sobre espondilitis anquilosante

Foto: lad.fm

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Si bien la espondiloartritis anquilosante es una enfermedad incurable, es posible vivir con buena calidad de vida, todo depende de la persona que la padece y cómo asume su dolencia, aseguran varios especialistas.

Poco conocida entre la población, la espondilitis o espondiloartritis anquilosante (EA), es un proceso reumático inflamatorio, de carácter crónico, que afecta principalmente a las articulaciones vertebrales en general y a las sacroilíacas -encargadas de unir la columna vertebral con la pelvis-, en particular.

Sin embargo, también puede producir inflamación en otras articulaciones como las intercostales, el esternón, los tobillos, rodillas, muñeca y caderas, teniendo mayor prevalencia en las extremidades inferiores, refiere la doctora Aracelis Chico Capote, jefa del Servicio de Reumatología del Hospital Clínico-Quirúrgico Hermanos Ameijeiras.

Según la facultativa, la enfermedad suele debutar habitualmente de forma lenta y gradual, con episodios de dolor en la región lumbar que irradian hacia las nalgas e incluso por la cara posterior del muslo, confundiéndose así con la famosa ciática.

“El dolor tiende a ser más intenso durante la noche, provocando a la hora de levantarse de la cama una dolorosa rigidez y limitación en la movilidad, que tiende a mejorar con el ejercicio o la actividad del día”, aclaró.

Otros de los síntomas que pueden acompañar el cuadro clínico incluyen fatiga, fiebre leve y en ocasiones, enrojecimiento de los ojos, precisó la experta.

El promedio de edad en el que aparece el padecimiento oscila entre los 15 y 30 años, aunque puede comenzar antes de los 10, con una prevalencia significativa en el sexo masculino.

En la mayoría de los casos se recurre al tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos como el piroxicam, la indometacina y el naproxeno, para ayudar a conseguir mayor actividad física y un mejor estado general.

Además, el empleo de la terapia con corticosteroides, administrados por poco tiempo, es considerada asimismo una práctica efectiva en pacientes donde las crisis dolorosas son más intensas y prolongadas, mientras la azatioprina es la indicada en los casos con inflamación importante en las articulaciones periféricas, precisó la doctora Chico.

Como medicación de apoyo, en la mayoría de los pacientes, se recetan protectores gástricos como el omeprazol o el lansoprazol, ya que al tratarse de una enfermedad crónica, con largos tratamientos, pueden producirse erosiones en la mucosa gástrica, acotó.

De igual forma, la actividad física y la rehabilitación constituyen puntos fundamentales para la recuperación del enfermo de espondiloartritis, pues bien realizadas permiten conseguir mayor independencia y calidad de vida, puntualizó la especialista.

La realización regular de ejercicios, con el asesoramiento de médicos rehabilitadores y fisioterapeutas, contribuye a mejorar la respiración (evitando la pérdida del volumen respiratorio), y a fortalecer los músculos de la columna y las extremidades del paciente, explicó.

“En casos severos, donde el doliente se encuentra muy rígido se puede optar por comenzar la sesión con un baño caliente, como un paso previo para la realización cuidadosa de los ejercicios”, recomendó.

El curso de la enfermedad es difícil de predecir. Con el tiempo, las señales y los síntomas de esta pueden reaparecer (recaída) o desaparecer (remisión) indistintamente, pero la mayoría de las personas son capaces de llevar una vida plena, si respetan el tratamiento y sus limitaciones, concluyó.

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