La sacarosa es el término apropiado para describir el azúcar común. Dos azúcares simples, glucosa y fructosa, se combinan para formar el hidrato de carbono complejo, conocido como sacarosa.
Independientemente de cómo se llama, la sacarosa se utiliza para endulzar los alimentos y ofrecer al consumidor un impulso de energía; pero cualquier fuente de endulzantes consumida en exceso contribuye a la obesidad y por ende a la diabetes mellitus tipo 2 y a muchas otras serias enfermedades y caries dentales.
Está científicamente comprobado que el azúcar es el único alimento en la Tierra que, debido a su composición única, se metaboliza como grasa y carbohidrato porque el cuerpo procesa de manera diferente tanto glucosa como fructosa.
Si quiere eliminar el exceso de peso y reducir radicalmente, y en muchos casos prácticamente eliminar, el riesgo de diabetes, enfermedades cardíacas y cáncer, entonces comience tomando en serio la restricción del consumo de azúcar pero no vea la solución en el uso de edulcorantes artificiales, pues muchos de estos pueden causar desde cambios emocionales, daño cerebral, aumento de peso, entre otros males.
Otra característica del azúcar es que se trata de un elemento acidificante del organismo, es decir, que tras su digestión y metabolización deja residuos ácidos debido a la ausencia de sales minerales en su composición. Estos exigen al organismo una neutralización que llevará a cabo a costa de las reservas minerales de los huesos.
A todo este estado de acidificación contribuye el consumo diario de azúcares refinados, que no solo lo ingerimos al echarle azúcar a la leche formando un verdadero cóctel mortal, sino que está presente en muchos de los alimentos que la sociedad occidental consume como galletas, refrescos, comidas envasadas, panes de molde, pasteles, bollería, embutidos, conservas, chocolate, cereales para el desayuno, yogures, salsas y zumos.
Esto hace que muchas personas consuman cantidades excesivas de azúcar sin ser conscientes de ello y con total desconocimiento de sus peligros.
No importa cuál endulzante calórico tengan las comidas procesadas por la industria o utilizados en la cocina doméstica. El ser humano debe limitarse o eliminar todos ellos si desea permanecer sano y en buena forma física.
En la vida práctica no se necesita ni es prudente ningún tipo de estos productos calóricos de sabor dulce, añadido a la diaria alimentación, para conseguir una dieta saludable.


