Teniendo en cuenta los problemas identificados en el paciente la enfermera podrá identificar las siguientes necesidades según la escala de Kalish: dentro de las necesidades de supervivencia la de temperatura, descanso, evitación del dolor y dentro de las necesidades relacionadas con la seguridad, inocuidad, seguridad, y protección. Relacionadas estas últimas con los riesgos de complicaciones y lesiones que podría ocasionar esta patología.
Una vez identificados los problemas del paciente procedemos a planificar las acciones para solucionarlos o sea establecemos las intervenciones de enfermería:
Administrar el tratamiento médico. El criterio de utilización de antibióticos en pacientes con OMA se basa en dos elementos específicos la edad y la severidad de la enfermedad. Considerando esta severa cuando el dolor es fuerte y la fiebre excede los 39 grados celcius.
El lactante menor de dos meses será tributario a tratamiento con antibiótico, para los niños entre dos meses y dos años dependerá la inclusión del antibiótico de la severidad de sus síntomas utilizando solamente tratamiento sintomático para la fiebre y el dolor y reevaluando al paciente dentro de las 72 horas de tratamiento si el cuadro no cede o empeora se recurrirá a los antibióticos.
En el caso de los pacientes mayores de dos años se tratará de igual forma. Se recomienda comenzar con las Penicilinas (Amoxacillina 80-10mg/kg/día). Si el paciente es alérgico a las Penicilinas Azitromicina 5-3 mg/kg/día. Entre los antibióticos de segunda línea encontraremos recomendados el Augmentin y el Trifamox así como la Cefuroxima.
Para tratar el dolor utilizaremos analgésicos como el Ibuprofeno y el Acetaminofen.
Se recomienda extender el tratamiento por diez días aunque la sintomatología inicial haya desaparecido, en el caso de los mayores de dos años se podría extender entre 5 y 7 días.
Valorar signos vitales. Temperatura: El paciente febril tendrá alteraciones de la frecuencia cardiaca y respiratoria (aumentadas). La fiebre será más intensa en la fase presupurativa y supurativa.
Aplicar medidas antitérmicas en el paciente febril. Baños tibios, colocar ropa ligera, ofrecer bebidas frías.
Describir las características de la otorrea, colaborar con la recolección de muestra para cultivo.
Describir y valorar las características del dolor del paciente. Si hay dolor al tragar, si es pulsátil o mantenido.
Valorar la presencia de signos de alarma o complicaciones óticas. El conocimiento de la clínica del paciente según la etapa de la enfermedad permitirá a la enfermera prever complicaciones serias en el paciente como las mastoiditis, meningitis, hipoacusias y otras afecciones respiratorias que complicarían la evolución.
Asimismo, debemos estar atentos a los cambios bruscos del volumen de la secreción por el conducto auditivo (Otorrea), la presencia de fiebre en agujas y la presencia de parálisis faciales, signos meníngeos.
La mastoiditis aguda se divide en mastoiditis simple, con periostitis y mastoiditis con osteitis. El primer proceso es muy frecuente, suele ser asintomático y evolucionar dentro del curso de una OMA. La mastoiditis con periostitis u osteitis se manifiesta con edema inflamatorio retroauricular y ambas formas sólo se pueden identificar por imagen preferentemente a través del TAC.
Parálisis facial. La parálisis facial secundaria a OMA es la segunda complicación más frecuente, aunque también rara en la actualidad. Suele tener buen pronóstico y evolución con el tratamiento.
Laberintitis. Complicación excepcional. Se presenta con signos de vértigo de tipo periférico y nistagmus en el contexto de una OMA evidente.
Meningitis. Es una complicación excepcional, aunque, sin duda es una de las más graves. La vía de acceso puede ser hematógena o por proximidad, siendo esta aún más rara.
Absceso cerebral. Se produce por extensión de la infección local. Son extradurales o subdurales y son muy graves.
Además, se debe valorar el desarrollo auditivo del paciente.
Contar con las precauciones necesarias en el caso de la administración de gotas óticas (las cuales no se recomiendan pues no aportan beneficios al tratamiento) deben ser administradas tibias para evitar sensaciones de vértigos o mareos. Mantener los goteros limpios y esterilizados y cuidar de no dañar el conducto auditivo con estos.
Administrar dieta blanda o líquida según lo requiera el paciente.
Brindar la educación sanitaria a los familiares. Relacionada con la necesidad de no suspender el tratamiento médico aunque la sintomatología haya desaparecido, no utilizar sustancias que no estén indicadas por el médico y no introducir nada en el oído del niño. Realizar acciones de prevención identificando los pacientes con factores de riesgo para afecciones respiratorias, prematuros, niños desnutridos, niños con lactancia artificial y o alimentados a biberón.
Revisar periódicamente a los niños que asisten a instituciones infantiles con el fin de detectar aquellos que se encuentren enfermos. Promocionar los efectos beneficiosos de la lactancia materna y los efectos indeseables del hábito de fumar no solo para fumadores sino también para sus convivientes.
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