
Nunca es tarde para la reflexión y mejor aún la adopción urgente de decisiones individuales y sabias que multipliquen la práctica saludable. Foto: queocurresifumas.blogspot.com
Cuba se debate entre las costumbres, el placer y la economía frente a un enemigo real como el tabaquismo, considerado la primera causa de invalidez y muerte prematura del mundo.
No en balde las autoridades del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) y sus numerosas instituciones de alcance gratuito en la isla caribeña, promueven de continuo cómo esta adicción repercute física, psicológica y socialmente en la lista de los consumidores de tabaco y cigarrillos, expuestos a contraer hasta 29 enfermedades, 10 de las cuales son diferentes tipos de cáncer.
Una Jornada Científica sobre el tema, organizada en esta ocasión por los especialistas del MINSAP en el centenario Hospital General Calixto García de La Habana, coincidió en la necesidad de hacer énfasis en la prevención que a través de los medios de comunicación masiva brindan abundantes conocimientos sobre la llamada epidemia silenciosa.
De dominio generalizado en el mundo, el tabaquismo es considerado una enfermedad más, pues requiere tanto tratamiento medicinal como rehabilitación psicológica y reeducación social, porque genera el síndrome de abstinencia o conjunto de reacciones físicas que ocurren cuando una persona con adicción a una sustancia deja de consumirla.
La nicotina es el componente activo que provoca la dependencia al consumo, y las más recientes investigaciones sobre la composición físico-química del humo del tabaco estiman en cerca de cinco mil compuestos químicos presentes en las distintas fases (gaseosa, sólida o de partículas), durante la inhalación del cigarrillo, en cuyo extremo las temperaturas alcanzan hasta cien grados centígrados.
Así de asombroso resulta indagar sobre el hábito aparentemente inofensivo y de tradición secular, fruto de la solanácea, identificada culturalmente con rituales que van desde el cultivo, la producción y el consumo, hasta el desenlace fatal de 4,9 millones de muertes cada año, según datos de la Organización Mundial de la Salud.
Por ello, el tratamiento del tema resulta cada vez más polémico en Cuba, donde la aceptación social de este hábito proviene de antaño, desde la llegada de Cristóbal Colón a la Isla en 1492 y su encuentro con los pobladores entregados al ritual de absorber el humo de sus Cohíbas, hasta el momento actual de la comercialización de los puros, prestigiados internacionalmente.
También los cultos religiosos de herencia africana y francesa, la reiterada identificación del fumador como estereotipo de modernidad e independencia visto a través de películas, video-clips y espectáculos artísticos, además de la tolerante y permisible decisión de los no fumadores de optar por el humo ajeno para no provocar contienda, son un acápite de requerimientos mayores.
Pero lo cierto es que en materia científica y de humanismo Cuba no se detiene, y justo es llamar la atención sobre el peligro de consumir tabaco y sus graves consecuencias para la salud, en momentos de una convocatoria a la disciplina social y a la adopción de mejores costumbres que perfeccionen el estilo de vida de niños, jóvenes y adultos.
Sin atisbos de engaño, el tabaquismo es la principal causa del 95 por ciento de cánceres de pulmón, a lo que se añade la bronquitis y las enfermedades cardiovasculares, por tan sólo citar las de mayor incidencia en la población mundial, a la cual pertenecen los cubanos.
Nunca es tarde para la reflexión y mejor aún la adopción urgente de decisiones individuales y sabias que multipliquen la práctica saludable, cuando el Estado cubano realiza esfuerzos grandiosos para mejorar los índices de desarrollo humano, a través de numerosas acciones que intentan esclarecer las paradojas de un hábito que puede matar.

