Síndrome antifosfolípido y embarazo

El segundo trimestre del embarazo es el período donde se presentan un mayor número de complicaciones asociadas a la enfermedad. Foto: Radio COCO

El segundo trimestre del embarazo es el período donde se presentan un mayor número de complicaciones asociadas a la enfermedad. Foto: Radio COCO

El síndrome antifosfolípido (SAF) conocido también como Síndrome de la sangre pegajosa, es una enfermedad autoinmune que se presenta principalmente en mujeres jóvenes.

Según el Dostor Emilio Buchaca Faxas, del Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, las personas con SAF fabrican proteínas anormales en la sangre, denominadas autoanticuerpos antifosfolípidos, provocando un fluido sanguíneo inadecuado y la formación de coágulos peligrosos en venas y arterias.

En los pacientes con SAF los autoanticuerpos antifosfolípidos atacan los propios tejidos de la persona, interfieren en la coagulación y suelen ocasionar problemas para el feto en desarrollo y abortos espontáneos, precisa Buchaca Faxas.

La enfermedad a su vez puede estar asociada en ocasiones con otra patología subyacente, la más frecuente es el Lupus Eritematoso Sistémico (LES), y entre los síntomas visibles más comunes se encuentran los bajos niveles de plaquetas, decoloraciones moradas de la piel y ulceraciones cutáneas.

De acuerdo con el Doctor británico Graham Hughes, en su libro The antiphospholipid sindrome, 1993; el daño ocasionado por la patología es variable, ya que los coágulos pueden producirse en cualquier parte de la circulación y afectar a los diferentes órganos del cuerpo. Por ejemplo, la aparición repetida de coágulos pequeños puede ocasionar daño cardíaco o engrosamiento de las válvulas y suele asociarse a infartos en personas jóvenes sin ningún factor de riesgo cardíaco conocido.

Manifestaciones obstétricas

Representación gráfica del síndrome antifosfolípido.

Representación gráfica del síndrome antifosfolípido.

En el caso específico de pacientes embarazadas con SAF, los anticuerpos suelen provocar abortos tempranos o tardíos, y preeclampsia (hipertensión arterial y cantidad elevada de proteínas en la orina durante el embarazo). Además, pueden producir coágulos en los vasos sanguíneos de la placenta, lo que causa un retraso en el crecimiento fetal, así como atacar en forma directa los tejidos placentarios e impedir su crecimiento y desarrollo, afirma el Doctor Emilio.

El segundo trimestre del embarazo es el período donde se presentan un mayor número de complicaciones asociadas a la enfermedad y por tanto, el que requiere mayores atenciones y cuidados, para prevenir la ocurrencia de partos prematuros entre otras problemáticas.

Según plantea Hughes, el tratamiento estándar para la prevención de abortos espontáneos consta de inyecciones subcutáneas de heparina y dosis bajas de aspirina. La terapia se comienza en la etapa inicial del embarazo y se continúa en el período inmediatamente posterior al parto. Esta metodología ha demostrado ser eficaz en la mayoría de los casos, sin embargo, cuando la respuesta no es favorable, pueden resultar útiles otras terapias, tales como infusiones de inmunoglobulina intravenosa o la administración de corticosteroides (prednisona).

La administración de anticuagulantes por vía oral es recomendable durante varios años en los pacientes con SAF para evitar los coágulos venosos. En caso de episodios arteriales, las recurrencias igualmente se previenen con medicamentos que inhiben las plaquetas, como aspirinas y clopidogrel (Plavix).

En pacientes embarazadas, que han tenido coágulos sanguíneos, previamente pueden recibir la combinación de heparina y dosis bajas de aspirina (con dosis más altas de heparina), por el mayor riesgo que tienen de sufrir formación de coágulos durante la gestación. La terapia con heparina y aspirina ha demostrado ser segura tanto para la madre como para el bebé, aclara el Doctor Buchaca.

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