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Este jueves 28 de julio fue el Día Mundial contra la Hepatitis, una dolencia que causa más daños que el sida, la tuberculosis y la malaria, que ya es mucho decir y que sin embargo, todos podemos prevenir.
Hacerlo urge, porque la hepatitis viral causa cada año 1,45 millones de muertes, además otras estadísticas llaman a informarnos más sobre ella y a la profunda reflexión, por ejemplo que en el mundo 240 millones de personas padecen infección crónica por el virus de la hepatitis B y que solo el cinco por ciento de quienes viven con la dolencia saben que están infectados.
No hay dudas de que los daños a la humanidad por causa de este virus son cuantiosos; de acuerdo con algunos de los datos aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 90 por ciento de los casos de infección por el virus de la hepatitis C pueden ser curados con antivíricos. Ello indica que se necesita una mirada más atenta a esta afección en aras de la vida.
Según la OMS, la enfermedad es considerada una epidemia silenciosa y en el marco para la acción mundial se expresa que la comunidad internacional no ha prestado la atención debida a las hepatitis virales.
A pesar de que la tasa de morbilidad es muy elevada, el problema no ha sido seriamente abordado. Por tanto a la salud pública en el mundo se le plantean grandes desafíos.
Muchos conocen que para que sean exitosas las metas de salud, y eso se sabe con creces en Cuba, deben estar involucrados la generalidad de los sectores de la sociedad; por tanto tú, yo, nosotros…¡ debemos actuar ya contra la hepatitis! para no sumar, sino restar víctimas a esta dolencia que ha quitado tantas vidas a la humanidad y contra la que podemos emplear un escudo más poderoso que las vacunas; un arma pacífica cuyo arsenal está principalmente en el conocimiento y nos referimos a la prevención.
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