Lograr que los alimentos que consumimos sean inocuos es importante para la mayoría de las personas, a sabiendas o no de que cuando están contaminados pueden traer desde una pasajera diarrea hasta un cáncer, pues a través de ellos entran al organismo bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas muy peligrosas para la salud, capaces de causar más de 200 enfermedades.
Frente a los riesgos ya conocidos y los que surgen nuevos, es cada vez más difícil prever y contar a tiempo con armas contra la contaminación porque la tecnología para producir los alimentos cambia, así como su formas de distribución y consumo pero también ha crecido la resistencia de las bacterias y además han aumentado los viajes y el comercio entre países.
Es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a las naciones y a todos los agentes a mejorar la inocuidad de los alimentos de la granja al plato y en todos los puntos intermedios, cada uno por separado y entre ellos como necesidad cada vez más vital.
Este martes cuando estemos celebrando el Día Mundial de la Salud, dedicado a este tema, sería bueno reflexionar ¿cuán inocuos son nuestros alimentos? y ¿qué rol jugamos en este objetivo como entes sociales?
La producción de alimentos inocuos es importante para las economías, fomenta el comercio y el turismo y contribuye al desarrollo sostenible, pero consumirlos con esta condición es imprescindible para quien desea vivir una larga vida.
Es cuestión de que todas las personas que intervienen en la producción, la distribución y la preparación de alimentos desempeñen la parte que les corresponde para que los alimentos sean inocuos, pero igualmente en el plano familiar, se precisa preparar en esta práctica a niños y jóvenes.
Los gobiernos deben comunicar la importancia de la inocuidad de los alimentos a sus ciudadanos. Los sectores de la salud, la agricultura, el comercio, el medio ambiente y los medios de comunicación, todos, debemos trabajar juntos en este saber.

