10 de octubre: por la dignidad plena del hombre

Diseño: Gilberto González García.

Diseño: Gilberto González García.

El grito de “Independencia o Muerte”, el 10 de octubre de 1868, nacido del pecho del ingenio La Demajagua y que estalló en toda Cuba, marcó el primer hecho fundacional de las revoluciones de liberación nacional.

Carlos Manuel de Céspedes, abogado y patriota bayamés, artífice del memorable hecho, liberó a sus esclavos y alzó en armas a los cubanos, marcando así el camino de la lucha por la independencia y, con la pureza y el amor infinito a la patria, alertó acerca del imperio norteamericano.

En el documento, en el cual se exponían las razones del levantamiento armado, conocido como Manifiesto del 10 de Octubre, Céspedes expresaba: “Cuando un pueblo llega al extremo de degradación y miseria en que nosotros nos vemos, nadie puede reprobarle que eche manos a las armas para salir de un estado tan lleno de oprobio”.

Con el estallido insurreccional inició la única Revolución en esta tierra caribeña y el despertar de la nación, al tiempo que se dio apertura a la lucha del pueblo cubano por lograr su definitiva y total independencia, hasta la alborada del primero de enero de 1959.

Al igual que el 10 de octubre de 1868 marcó un giro trascendental en la historia de Cuba, hoy, luego de 151 años, vivimos la continuidad de aquella fecha, pues somos protagonistas de un acontecimiento de relevancia extraordinaria, se da inicio a la construcción de la nueva estructura del poder revolucionario.

Se desarrolla la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, para elegir a sus más importantes dirigentes, el Consejo de Estado y el presidente y vicepresidente de la República, a tono con el mandato del pueblo y la Constitución, por tal motivo la conmemoración adquiere una importancia trascendental.

Es un gran desafío para la patria invocar al pasado glorioso, pero lo hacemos con la responsabilidad de un pueblo unido en torno al Partido Comunista de Cuba y a su presidente, que no se detiene, construye, avanza y muy especialmente institucionaliza y vence cada batalla con disciplina y organización.

Somos un país que logra sobreponerse a la virulencia de las medidas del cerco imperial norteamericano y de sus aliados y continuaremos ganando cada batalla, inspirados en el ejemplo de nuestros héroes y mártires y en patriotas como el Padre de la Patria, que un día dijeron basta a la ignominia.

El reto es continuar la edificación de una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible, a la vez, más inclusiva, donde se fortalezca la institucionalidad del Estado revolucionario y prevalezca la prédica martiana de que “la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

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