A 66 años del inicio del juicio del Moncada

Causa judicial a los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Foto: Periódico 5 de Septiembre.

Causa judicial a los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Foto: Periódico 5 de Septiembre.

El 21 de septiembre de 1953 inició el amañado juicio a Fidel Castro y sus hermanos de causa por los asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Han transcurrido 66 años desde ese momento trascendental del liderazgo del Comandante en Jefe, con el protagonismo de los que él denominó para la posteridad como los jóvenes de la Generación del Centenario del Apóstol de la independencia de Cuba.

Desde el 10 de marzo de 1952, tras el golpe de estado de Fulgencio Batista, la Isla estaba sumida en una sangrienta tiranía que aupada por los Estados Unidos aplastaba cualquier aspiración de proceso democrático convencional, razón que obligó al uso de la vía armada al asaltar la segunda fortaleza militar más importante del país.

Aquel juicio al que pretendieron que Fidel no asistiera, escudándose sus captores en un falso certificado médico, demostró, como lo denunció el líder revolucionario, que el régimen temía a lo que podía expresar un hombre solo, cuyas únicas armas eran su derecho a defenderse y que traía en el corazón las doctrinas de José Martí, a quien nombró autor intelectual del Moncada.

Rodeado de decenas de militares con armas largas y bayonetas con excesivas medidas de seguridad, el joven abogado de solo 27 años se convirtió de acusado en acusador.

Denunció, en primer lugar, el crimen múltiple cometido contra 70 de los asaltantes al Moncada, quienes fueron vilmente torturados y asesinados mientras mintieron al informar a la opinión pública que habían muerto en combate.

Además, aprovechó el estrado de la defensa para sacar a la luz los problemas fundamentales que sufría el pueblo cubano, a la vez que expuso las medidas que adoptaría un Gobierno revolucionario en el poder para aliviar y solucionar la insalubridad, el analfabetismo, el desempleo, el desalojo y la pobreza del campesinado indefenso ante los ricos latifundistas.

A sabiendas de que sería severamente juzgado, concluiría su alegato con la frase “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Tras el injusto presidio, convertido en prisión fecunda, la amnistía debida a la presión popular, el obligado exilio, la epopeya del desembarco del yate Granma, la lucha insurreccional iniciada en la Sierra Maestra y extendida hacia el llano, aconteció el triunfo de la Revolución del primero de enero de 1959 y con él se aplicó el Programa del Moncada, contenido en el histórico alegato de autodefensa La historia me absolverá.

Con la fructífera obra humanista de la Revolución cubana, especialmente en el rescate de la dignidad plena del hombre, la salud pública y la educación que se han irradiado hacia numerosas naciones de Asia, África y América Latina a través del internacionalismo proletario, no hay dudas de que el Comandante en Jefe con su legado vigente en las nuevas generaciones ha resultado absuelto por la historia.

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