Este 28 de mayo se celebró el Día Internacional del Juego, una efeméride que se instituyó desde septiembre de 1999 a partir de una iniciativa de la entonces presidenta de la Asociación Internacional de Ludotecas (ITLA por sus siglas en inglés), la doctora Frida Kim.
El propósito de la celebración es impulsar el respeto al juego como un derecho y una necesidad para los niños de todo el mundo.
El día escogido en coincidencia con la fecha fundacional de ITLA, se celebra cada año el fin de semana de mayo más próximo a esa fecha. Este 2017 coincidió que el 28 de mayo fue domingo y en Cuba se realizaron diversas actividades relacionadas con esa celebración.
Pero los juegos no son una actividad privativa de los niños, más aún, no solo los seres humanos juegan, también lo hacen la mayoría de los mamíferos, sobre todo los que viven en comunidades y aquellos que procrean en un mismo parto más de una cría.
El juego en los niños y en las crías de los animales tiene una función muy parecida: desarrollar habilidades que les permitirán en la adultez desenvolverse mejor en el entorno en que les toque vivir. En el caso de los animales, además, sirve para definir qué individuos serán predominantes y cuáles se les subordinarán en la jerarquía.
Por supuesto que en el caso de los humanos los juegos suelen ser muchísimo más sofisticados y se van complejizando a medida que los niños crecen y vencen etapas. Con el desarrollo cognitivo general de la humanidad y los avances tecnológicos las actividades lúdicas se van haciendo cada vez más complejas en edades menores. Por ejemplo, hoy en día no es raro ver a un niño de cuatro o cinco años enfrascado en un juego informático.
Pero ¿son beneficiosos todos los juegos? Claro que no. Hay algunos peligrosos que pueden causar daños físicos a los jugadores y con el desarrollo de la informática han surgido muchos que promueven la violencia, el racismo, la xenofobia y otros lastres de la sociedad.
También hay que tener en cuenta que cada juego es apropiado para una determinada edad y violar esta regla puede ser perjudicial.
Entre los juegos hay varias clases bien definidas: los deportivos, los que se realizan al aire libre sin llegar a clasificar como deportes, los juegos de roles y de habilidades, los de mesa y los ya mencionados informáticos.
José Martí, con su gran sabiduría y en medio de su ajetreada vida, supo encontrar un tiempo para escribir sobre el tema en un artículo publicado en la revista La Edad de Oro, el que tituló Un juego nuevo y otros viejos. En él explica: “Es muy curioso; los niños de ahora juegan lo mismo que los niños de antes; la gente de los pueblos que no se han visto nunca, juegan a las mismas cosas. Se habla mucho de los griegos y de los romanos, que vivieron hace dos mil años; pero los niños romanos jugaban a las bolas, lo mismo que nosotros, y las niñas griegas tenían muñecas con pelo de verdad, como las niñas de ahora”.
Con este fragmento describe magistralmente la universalidad del juego y su trascendencia en el tiempo.
Para que un juego sea completo debe tener un reto o desafío, perseguir una meta u objetivo, estar regido por reglas, contar con los medios o componentes imprescindibles, ser interactivo y, al final, tener una recompensa.
Esos elementos suelen ser muy variados, por ejemplo, la recompensa puede reducirse a la simple satisfacción de la victoria y las herramientas pueden ser no más que las manos. Pero siempre la mente formará parte indispensable.
Muchos autores han analizado los juegos y escrito sobre ellos, sobre todo los psicólogos, que ven en esas actividades elementos importantes para estudiar la psiquis humana y que también pueden ser utilizados como herramientas para modificarla.
Para Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, a través del juego el niño consigue dominar los acontecimientos, pasando de una actitud pasiva a intentar controlar la realidad.
Antropólogos, arqueólogos, sociólogos y otros especialistas encuentran también en los juegos una valiosa fuente de información para descubrir quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.
Para nadie es un secreto que a los adultos también nos gusta jugar. Practicar deportes o juegos de mesa. Por desgracia muchas veces, lo que pudiera ser una sana actividad encaminada al desarrollo intelectual, se convierte en un funesto negocio cuando media el interés por el dinero. En esos casos puede traer aparejada la tragedia.
La adicción descontrolada al juego puede llegar a convertirse en una enfermedad, como el alcoholismo o la drogadicción. Esta se nombra ludopatía y puede llegar a ser tan destructiva como las dos antes mencionadas.
En resumen, jugar es bueno e imprescindible para el desarrollo de los niños y para los adultos puede llegar a ser un excelente método para combatir el estrés o escapar a la monotonía de la diaria realidad.
Pero, como todo, tiene que tener su momento y su medida y el juego no puede, de ninguna forma, sustituir otras actividades imprescindibles para una vida plena y saludable.
Jugar en la computadora no es malo, siempre que los juegos que se utilicen no sean los de matar o violar personas porque son negros, chicanos o musulmanes. Además, los niños requieren, para su desarrollo integral, actividades al aire libre en las que ejerciten sus músculos y su cerebro. Y jugar por el interés de ganar dinero ¡jamás! Entonces ¿a qué jugamos hoy?

