
Entre actitud y aptitud solo media el cambio de una c por una p, y a veces cuando se pronuncian mal, hasta se confunden. Pero a nivel real, actitud y aptitud no se pueden trocar, porque potenciar más una cuando se necesita la otra puede tener resultados desastrosos. (Foto: www.youtube.com)
Entre actitud y aptitud hay mucha más distancia que un simple cambio de letra. Juntas actitud y aptitud pueden elevar a una persona sobre sus iguales, y ser la fuente inspiradora de grandes obras.
Pero actitud y aptitud definen dos modos completamente diferentes de asumir y llevar la vida. La aptitud se tiene y se desarrolla con el tiempo, pero la actitud es totalmente construida, está condicionada por el medio y como toda creación humana, puede ser falseada.
La aptitud engloba en sí misma a la capacidad, el talento, el conocimiento, y aunque incide en el entorno inmediato, es una cualidad que crece hacia adentro de la persona; que tiene que ver, incluso con la genética o el coeficiente intelectual.
La aptitud no se elige, como se eligen la ropa, los zapatos o al novio; lo más que puede pasar es que se desarrolle si se crean las condiciones adecuadas.
Mientras, la actitud es el comportamiento o la manera con que se enfrenta la vida y cada una de las situaciones que en ella se presentan. La actitud constituye una decisión personal, se aprende en familia, y se va formando a través de los años.
Es la manera en que cada cual se expresa en su relación con el entorno y puede ser variable. La actitud está condicionada por cada momento, pero sobre todo por los valores aprendidos.
La aptitud es casi absoluta: se tiene o no se tiene; pero la actitud es más subjetiva, puede ser positiva o negativa y se transforma en el tiempo.
La aptitud por sí sola puede ser inútil, porque el talento también necesita moldearse, canalizarse, elevarse… Pero cuando se ligan con una actitud positiva, las aptitudes alcanzan niveles asombrosos.
La actitud por sí sola tampoco llega a buen puerto. Se pueden tener las mejores intenciones, que sin aptitud jamás llegarán a lado alguno.
La necesidad de una u otra es relativa. Hay momentos en que la actitud vale más que nada, pero generalmente solo funcionan a plenitud cuando van unidas.
Entre actitud y aptitud solo media el cambio de una c por una p, y a veces cuando se pronuncian mal, hasta se confunden. Pero a nivel real, actitud y aptitud no se pueden trocar, porque potenciar más una cuando se necesita la otra puede tener resultados desastrosos.
Entre las dos, sin discriminar a quienes no la tienen, siempre es mejor premiar la aptitud. Es que la actitud se puede potenciar, pero la aptitud sencillamente se tiene o no.
