Adiós para siempre a las boletas viajeras

(Foto: www.cadenagramonte.cu)

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Hay quienes aún insisten en criticar el sistema electoral cubano y tratan de demonizarlo hasta la saciedad.

¿Acaso, olvidan la politiquería existente en la república neocolonial, tiempo de gobiernos de turno al servicio del imperio, cuando votaban hasta los muertos y los candidatos se postulaban por el partido político que más dinero ofrecía?

Tengan presente que el proceso eleccionario de la mayor de las Antillas puede ser perfectible, pero es el nuestro, refrendado por la mayoría de la sociedad y solo cambiará por voluntad de este pueblo y no por presiones externas.

Durante este período, las elecciones en Cuba estuvieron marcadas por la corrupción y el fraude que practicaban los políticos de entonces.

Era normal que los muertos votaran, las urnas fueran robadas, se utilizara la llamada boleta viajera, que un elector votara varias veces, se compraran los votos, que los funcionarios y trabajadores públicos fueran obligados a votar por el candidato de gobierno bajo amenaza del despido.

Las personas tenían que entregar sus cédulas (documentos) de votar para lograr el ingreso en el hospital de familiares enfermos, entre muchas otras manifestaciones antidemocráticas y en ocasiones los candidatos opositores eran asesinados, mientras que los soldados y policías impedían a los votantes contrarios al gobierno que ejercieran su derecho al voto.

Con las llamadas boletas viajeras sucedía que los políticos se ubicaban en una determinada casa del barrio y allí veían a sus acólitos y les ofrecían cinco pesos por el voto.

La persona aceptaba y el personaje le entregaba una boleta premarcada con su candidato y les orientaban guardarla, la cual era entregada en el colegio y depositada en la urna; lógicamente si había dinero salía electo el camaján, quien para nada representaba los derechos del pueblo.

Desde enero de 1959, con el triunfo de la Revolución que dignificó a los antillanos, el pueblo dijo adiós para siempre a las boletas viajeras y a la ignominia de los gobiernos de turno.

¿Alguien imagina que los cubanos desean volver a esos tiempos, a no ser dueños de su destino, a bajar la cabeza y ser marginados? Ni pensarlo.

Las elecciones en la nación caribeña son un ejercicio democrático y participativo, donde los candidatos no se postulan por ningún partido político, ni por su posición económica.

En el proceso prevalece la opinión, la elección o preferencia de los vecinos, demostrada en asamblea abierta a nivel de barrio, donde las personas pueden proponer y ser propuestas libremente a partir de los méritos y capacidades para representar a su comunidad.

Las elecciones cubanas son la expresión más genuina de democracia de cada uno de los ciudadanos, a partir de su intervención activa desde la posición de elector que postula y que con su voto decide quién lo va a representar.

“El principio de que el pueblo postula y elige es lo que nos coloca en primer lugar entre los países democráticos del mundo. Porque lo otro son grupos de gente los que postulan, incluso, los que eligen”, expresó Fidel Castro al dirigirse a su pueblo en una de las tantas ocasiones.

El próximo domingo 26 de noviembre, tendrán lugar en su primera vuelta los comicios para elegir a los delegados a las asambleas municipales del Poder Popular, ocasión donde los habitantes de la isla ratificarán que en Cuba no votan los muertos y los candidatos no se postulan, los nomina y elige el pueblo.

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