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Los especialistas consideran que la adolescencia es una edad de consolidación de un grupo de mecanismos que luego van a servir en la vida joven y adulta.
Existen errores y conductas que luego se depuran con la experiencia que proporciona la propia vida.
En esos años se es muy vulnerable al colectivo donde desarrollan sus actividades fundamentales, que por lo general suele ser en la escuela. De ahí que su comportamiento pueda ser variado.
La adolescencia es una etapa de la vida en la que el individuo necesita ayuda, porque se tienen inseguridades, el grupo de amigos comienza a ser muy importante y, por tanto, ejerce una influencia que no ocurre en otras edades.
Además, es un tiempo donde también comienzan nuevas experiencias, como escoger la profesión a la que se dedicarán en un futuro, y las relaciones de pareja, dos cuestiones que deberá asumir sin los padres; es importante proveerlos con recursos que les permitan estar mejor preparados.
El adolescente es curioso, muy sano desde el punto de vista biológico, y tiene las posibilidades de un mayor aprendizaje que en otros períodos de la vida resultan más difíciles, ya que sus estructuras mentales están preparadas para asimilar muchos conocimientos y son aspectos que se deben aprovechar.
La mayoría de las disfuncionalidades que se dan en su desarrollo se deben a que los adultos no les prestan la debida atención a sus criterios, y por ello toman actitudes alejadas de sus necesidades y preferencias.
Aunque reconozca que sus padres le aconsejan y reflexionan con él, eso no refleja la realidad, ya que hablan sólo los mayores; igualmente resulta perjudicial para las relaciones, las amenazas, los silencios, y recordarles los sacrificios realizados para lograr su bienestar.
Se considera interesante que los progenitores den a conocer cuáles son los elementos que regirán su autoridad, sin confundirla con autoritarismo, pues se trata de legitimarla desde el reconocimiento del rol de padres que tiene que ver con la crianza y la protección.
De lo anterior se deriva que no tiene relación extrapolar los límites del espacio, primero del niño que luego deviene adolescente.
Los padres y las madres no debieran perder la oportunidad de acercarse a sus hijos y disculparse cuando se reconozcan equivocados al tomar determinada decisión; deben pensar en enseñarles que en determinados momentos a él le toca decir que no actuó bien, cuestión que no está reñida con la autoridad que ejerce sobre ellos.
No se trata de que la adolescencia pase para que vengan etapas mejores, sino de ser suficientemente comprensivos con ellos en las diferentes edades; adentrarnos en su mundo y reconocer que, primero en pañales, luego de uniformes, y más tarde superándonos en estatura, nuestros hijos serán siempre lo mejor que tendremos.
