
Alicia Alonso. Foto: Internet.
Cuando Alicia Alonso tomó su valiente decisión de aceptar el reto del rol protagónico de la obra Giselle, después de año y medio inmóvil en una cama, jamás pensó que el binomio Alicia-Giselle duraría para siempre y pasaría al umbral de las más famosas leyendas del ballet de nuestro tiempo.
Para entonces, Alicia era simplemente una muchacha, una bailarina talentosa, de solo 22 años, en un rol muy exigente; también un ser humano que se levantaba sobre una dura adversidad.
Con su debut como la aldeana-wili, protagonista de esa obra cumbre del Romanticismo, Alonso inició una nueva jerarquía de valores técnicos, artísticos y dramatúrgicos.
Todo a través de la historia de una joven e inocente campesina de 15 años, enamorada de Albrecht, un noble que se ha disfrazado de aldeano para obtener su amor. Sin embargo, éste es desenmascarado por el guardabosque Hilarión, quien descubre su identidad. La muchacha, desesperada, enloquece y cae muerta ante tanto dolor.
Con movimientos delicados, etéreos y puros, Alicia Alonso pasó a formar parte de la lista, no muy extensa, de las grandes del ballet, quienes han logrado su consagración romántica en Giselle, protagónico que requiere una absoluta bailarina-actriz
No obstante, en la carrera de la Prima Ballerina Assoluta de Cuba todo no fueron logros, éxitos y felicidad, durante su vida tuvo que luchar con los prejuicios de la época, donde ser artista profesional se consideraba escandaloso, y una chica decente no podía ir por los escenarios enseñando las piernas; después, reiterados desprendimientos de retina la dejaron prácticamente invidente.
En un momento de su enfermedad y desoyendo a los especialistas, ella tuvo que decidir entre ver o bailar, y su elección fue bailar.
Bailaba sin ver nada más que sombras y siluetas, sin definir las caras ni los objetos. Se valía de puntos de referencia que hacía poner en el escenario para orientarse, pero, sobre todo, confiaba mucho en sus parejas de baile.
Alicia nunca se hizo concesiones, nunca se justificó con los problemas visuales para no enfrentar las dificultades o para no vencer obstáculos; la fantasía y la imaginación ayudan mucho en la creatividad de la danza y el arte en general y en la vida.
Personas allegadas a ella refieren: “Alicia ve desde una percepción profunda, le llegan las imágenes de una manera diferente a como ve el común de las personas”.
Fue una de las más reconocidas bailarinas de ballet y coreógrafas del mundo, cofundadora del Ballet Nacional de Cuba (BNC) y responsable de entrenar a varias generaciones de bailarines durante más de seis décadas de Revolución.
Este 17 de octubre de 2019, a la edad de 98 años, falleció Alicia, pero su calidad artística y su obra son inmortales, continuará siendo la musa inspiradora de nuestra Giselle de Cuba.
Cuba y el mundo conmemorarán este 2 de noviembre el aniversario 76 del nacimiento de una de las más famosas leyendas del ballet de nuestro tiempo: el debut de Alicia Alonso en el rol protagónico del ballet Giselle; dos nombres indisolublemente ligados y colocados en un lugar de especial relieve en la historia de la danza y serán reconocidos y exaltados a lo más alto del pedestal de la patria.
Fuentes: Cubadebate, Granma, La Jiribilla y el sitio http://www.huellasdemujeresgeniales.com
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